Cabárceno, un zoo que no lo es (Cantabria)

Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
El parque de la naturaleza de Cabárceno es un zoológico muy especial. Tanto que ni siquiera lo parece. Sobre una superficie de 750 hectáreas conviven más de 700 especies en amplios recintos al aire libre, integrados en un paisaje que ha sido moldeado por la mano del hombre, la extracción de hierro y la erosión durante más de 2.000 mil años.

Las praderas de Noé

Naturaleza y paisaje en un parque muy especial

© Texto, fotografías y vídeo: Javier Prieto Gallego

Es la hora de la merienda. Papá elefante, mamá elefante, los hijitos elefante y otros parientes del clan se muestran particularmente excitados. Juguetean durante un rato, se persiguen durante otro poco, barritan y, finalmente, corren hasta la charca en busca de un poco de agua para acicalarse. Una ducha más que rápida y a correr de nuevo por la pradera. A trotar hasta las vallas en las que papás, mamás, hijitos y otros familiares, se agolpan mientras contemplan la inmensa parcela privada en la que se desarrolla la vida cotidiana de la familia elefante. Es uno de los espectáculos, sin guión ni dirección, que pueden contemplarse en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, un extenso zoológico situado 17 km al sur de Santander. Son, precisamente, las dimensiones del recinto, 750 hectáreas, las que hacen posible la holgada contemplación de las anchas praderas, las que crean la ilusión de un mundo animal en estado de semilibertad. La mala noticia es que los animales campan tan a sus anchas que nadie garantiza su avistamiento. Es decir, que si el oso pardo decide meterse en su cueva ahí se queda hasta que cambie de idea. En todo caso, si Noé hubiera vivido ahora habría tenido mucho más fácil llenar su arca.

 Cabárceno: Vídeo del reportaje. © Javier Prieto Gallego
El otro importante ingrediente que hace de Cabárceno un lugar especial es la peculiaridad de su orografía: peñascos, afilados pináculos y cuevas incorporados al espectáculo zoológico en calidad de privilegiado telón de fondo. Tal relieve de agujas es consecuencia de la erosión ejercida por el agua sobre las rocas calizas disolviendo sus zonas más blandas y afilando las más duras. Es lo que se define como un paisaje de modelado kárstico. La combinación de ambos, amplitud y paisaje, forman un conjunto, cuanto menos, sorprendente.
Oso Pardo. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Oso Pardo. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
El Parque de la Naturaleza de Cabárceno se asienta sobre la vertiente sur de la Sierra de Cabarga, una de las áreas de mayor raigambre minera de Cantabria. Tanto que el propio parque se extiende sobre lo que durante más de dos mil años fue una antigua mina de hierro, explotada ya en tiempos de los romanos. Y eso sin contar que son numerosos los vestigios arqueológicos encontrados en el entorno del macizo montañoso que aseguran que el paraje ha estado ocupado desde la prehistoria.
Elefantes africanos. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Elefantes africanos. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Entre estos hallazgos destaca el de la cueva de Morín, donde apareció un hombre fosilizado perteneciente al período Paleolítico. También relevante fue el descubrimiento del llamado Caldero de Cabárceno, encontrado en la mina Crespa, y cuya antigüedad se fecha entre 900 y 600 años antes de Cristo, aunque es con la dominación romana, entre los siglos I al IV, cuando se comienza con la explotación sistemática del hierro localizado en torno a Peña Camarga. Los romanos entraron a saco a por un mineral que necesitaban tanto como el oro de las Médulas y que, además, podían sacar con facilidad a través del cercano puerto de Santander, que ya tenían en marcha.
Jirafas. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Jirafas. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Ya en épocas más recientes, la historia minera de Cabárceno, tiene mucho que ver con el auge de la industria siderúrgica que se desarrolló de manera especial en torno a la bahía de Santander. Entre los siglo XVII y XIX este paraje, hoy solar de tigres, elefantes, jirafas o jabalíes verrugosos, fue una de las minas que abasteció a las reales fábricas de cañones de Liérganes y La Cavada. Antes de ser cerrada definitivamente en 1989 alimentó con su mineral a los Altos Hornos de Vizcaya. En el momento de su cierre trabajaban en ella 30 mineros.
Show de los leones marinos. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Show de los leones marinos. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Apenas un año después, el 10 de junio de 1990, aquel revoltijo de picachos y tajos despanzurrados en que se habían convertido las laderas de la sierra después de tantos siglos de pico y pala abría las puertas reconvertido en algo tan nuevo que parecía difícil encontrarle un nombre: ni zoo, ni safari park, ni granja, ni parque natural… más bien un auténtico museo de ciencias naturales al aire libre en el que hoy en día es posible observar a más de 700 especies, entre las que predominan ejemplares de fauna africana y europea.
Cebras grevi se revuelcan en la tierra al atardecer. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Cebras grevi se revuelcan en la tierra al atardecer. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
 
Aquel laberinto de pequeños desfiladeros, callejones sin salida, escombreras de mineral, fangales y tajos abandonados se rellenó con el trazado de una amplia red de pistas asfaltadas y caminos que permite combinar paseos a pie, con otros que se realizan en coche, completando hasta 17 kilómetros de calzadas. Planificado como lugar de esparcimiento, el recinto cuenta con áreas recreativas, miradores y exhibiciones en las que se muestra el manejo y habilidades de distintas especies: leones marinos, aves exóticas o rapaces. El parque entero se encuentra integrado, a su vez, dentro del Espacio Natural Protegido de Peña Cabarga que, con una extensión de 25,8 km cuadrados, ocupa todo el macizo montañoso.
Rinocerontes. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
Rinocerontes. Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Cantabria. España © Javier Prieto Gallego
NO TE PIERDAS…
01. LAS DEMOSTRACIONES DE LEONES MARINOS. Se esté donde se esté siempre resulta recomendable hacer un alto en el camino y acudir al recinto –junto a la entrada por Obregón- en el que tienen lugar los espectáculos con leones marinos. En ellos, además de admirar las habilidades de las que son capaces, lo primero que se aprende es a diferenciar un león marino de una foca. Horario: 13, 16.15 y 19 horas.
02. EL REPTILARIO. Es la muestra de reptiles venenosos con más variedad de especies en España. De hecho está especializado en la cría de serpientes venenosas, sobre todo cobras, con 11 especies, y serpientes de cascabel, con 7 especies. También llaman la atención especies como los varanos, saurio de hasta 2,5 metros de largo.
03. EL BISONTE EUROPEO. Cabárceno es el único lugar de España, además de en la Montaña Palentina, donde observar a esta especie en condiciones de semilibertad. En Cantabria es todo un símbolo: lo pintaron los habitantes de Altamira en sus paredes hace más de 15.000 años. Las últimas manadas en libertad desparecieron de Europa a principios del siglo XX.
04. EL JARDÍN. En la zona alta de la parte oriental del parque se localiza una de sus zonas más llamativas debido a una larga y artesanal explotación minera: pasillos rocosos, callejones naturales, desplomes… Todo ello ha sido acondicionado para establecer un atractivo itinerario pedestre y jardín botánico de aires asilvestrados que se recorre a través de pasarelas y puentes de madera.
05. TÉCNICAS DE VUELO DE AVES RAPACES. En Cabárceno se ubica el Centro de Recuperación de Aves Rapaces de Cantabria cuya misión es el cuidado de estas y otras especies para volver a reintroducirlas en su hábitat. Si no es posible su reintroducción se las adiestra para la exhibición. Los espectáculos pretenden enseñar cómo son las técnicas de caza y vuelo de estas aves. El Centro cuenta con unas 20 especies de todo el mundo y una cantidad de ejemplares que oscila entre 150 y 160.
06. EL LAGO SEXTA. Como todo el paisaje de Cabárceno, la morfología y origen de este lago tiene que ver con la explotación minera y la mano del hombre. Se ubica en una zona rica en bloques de mineral de hierro y, por tanto, fue largamente excavada. El lago se originó tras un prolongado periodo de excavación cuya consecuencia fue, entre otras, un inmenso hoyo. Posteriormente la abundante arcilla de estos suelos fue colmatando el fondo hasta convertirlo en una cubeta impermeable que acabó conformando el lago que tanto disfrutan los hipopótamos o especies de aves tan exóticas como los pelícanos.
INFORMACIÓN. Horario: en agosto, de 9,30 a 19 horas. Precios: adulto, 21€; infantil, 13 €.Tel. 942 56 37 36. Web: www.parquedecabarceno.com
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Cabárceno, un zoo que no lo es (Cantabria)
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    Cabárceno fue una idea atrevida de un gobernante llamado Juan Hormaechea, un presidente que al margen de sus errores -que los tuvo y pagó por ellos- demostró inteligencia política para aportar a Cantabria lo que se necsitaba: buenas carreteras, atractivos turísticos como Cabárceno o mejora genética de la gandería con el discutido Sultán que al final fue un negocio para Cantabria, tanto en la calidad de nuestra cabaña como en la venta fuera de nuestra comunidad de sus dosis. 

    Hormaechea tuvo la idea y la desarrolló hasta que le deajaron. Le sucedio en la presidencia un mediocre como Martínez Sieso que no comprendió nunca el valor de Cabárceno y de muchas de las medidas modernizadoras puestas en marcha. Pero Cabárceno no podía ir para atrás y la inercia permitió que poco a poco se desarrollara hasta llegar a lo que es hoy, después de actuaciones más atrevidas cuando los gobernantes que tanto criticaron el proyecto se dieron cuenta de su eficacia para el sector turístico cántabro.

    Se podría escribir largo y tendido sobre este proyecto y señalar a quienes pidieron públicamente que se suspendiera. Pero no merece la pena. Hay que mirar adelante y reconocer lo que se proyectó como bueno y los hechos así lo han demostrado. Cabárceno es, hoy, una espléndida realidad que da riqueza a la zona en la que está enclavado y es motor turístico, un atractivo de primer orden que da personalidad a Cantabria. Y guste o no guste, las cosas son así.

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