El Camino de los Prodigios (Salamanca)

Obra del artista Alfredo Omaña ubicada junto al arroyo de San Benito, en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Obra del artista Alfredo Omaña ubicada junto al arroyo de San Benito, en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
El Camino de los Prodigios es una de las rutas senderistas señalizadas en la Sierra de Francia (Salamanca) en las que se combina el arte moderno y el disfrute de la naturaleza. El camino discurre entre Miranda del Castañar y Villanueva del Conde.

Por la senda de los sueños

Arte, naturaleza, fantasía y juego en el Camino de los Prodigios

© Texto, fotografía y vídeo: JAVIERPRIETO GALLEGO

Camino y mientras camino veo cómo el paisaje se transforma, cómo los árboles echan sombra sobre las piedras del sendero, cómo el aire agita las hierbas más altas y las empuja más allá de sus deseos, cómo la nieve aún deslumbra en la cumbres más altas de la sierra, cómo el agua de este largo invierno todavía enfanga los rincones más sedientos del bosque. Camino y mientras camino descubro que alguien, mi imaginación tal vez, ha sembrado los campos que median entre Miranda del Castañar y Villanueva del Conde de extrañas camas -grandes, pequeñas, gigantes, etéreas, pesadas…-, de frases que respiro mientras avanzo entre olivos, madroños y alcornoques, de sonidos que me llegan desde lo alto de una rama, de animales de piedra que luchan por romper sus huevos, de dragones que acechan… El viaje entre estos dos pueblos vecinos de la Sierra de Francia puede hacerse de muchas maneras, pero si se hace siguiendo la señalización del Camino de los Prodigios será, sin lugar a dudas, un viaje prodigioso de juego y fantasías difícil de olvidar.

Vídeo del reportaje “Por la senda de los sueños”, que ilustra el recorrido por el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Es esta otra de las propuestas de “arte en la naturaleza” que la Diputación de Salamanca ha diseñado sobre las faldas de la Sierra de Francia, una fórmula que combina instalaciones artísticas y senderos señalizados. Con este son ya cuatro los senderos trazados en cinco años. Sus gestores dicen que han pasado trotando por ellos más de 71.000 personas, un verdadero ejército de paseantes ansiosos por descubrir esos brotes artísticos que han ido naciendo en lo profundo del bosque. De una u otra forma, con mayor o menor acierto, al aliciente por disfrutar de lo natural -el aire puro, sudar la camiseta, salir de la rutina…- se le ha sumado el gusanillo de la interpretación artística, descubrir que, a veces, los juegos de fantasía son tan reales que hasta se oxidan. Jugar a recorrer el bosque y descubrir, de repente, que guarda en su interior un reguero de camas plantadas en los lugares más insospechados, no tiene precio.
Dos senderistas hacen fotos a una cama con fondo metálico, obra de Alfredo Omaña ubicada en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Dos senderistas hacen fotos a una cama con fondo metálico, obra de Alfredo Omaña ubicada en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Así sucede en este Camino de los Prodigios. Son diez kilómetros de paseo circular señalizado a lo largo de los cuales se descubren obras de cuatro artistas relacionados o nacidos en Salamanca: Félix Curto, Alfredo Omaña, Marcos Rodríguez y Pablo S. Herrero. En conjunto han plantado 20 obras artísticas muy repartidas a lo largo del itinerario y siempre inspirados por el entorno natural en el que se localizan. Es lo que, hablando de corrientes artísticas, se denomina land art (arte en la tierra), un movimiento surgido en Estados Unidos en los años 60 del siglo XX, en el que se juega a colocar las obras artísticas sobre el paisaje para que “dialoguen”, se relacionen, se influyan y, finalmente, provoquen sensaciones o ideas en quien contemple ese relación. Un arte que tiene que ver con lo efímero, con el paso del tiempo y cómo este se manifiesta sobre las instalaciones hasta acabar transformándolas.
Una de las obras del artista Alfredo Omaña en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Una de las obras del artista Alfredo Omaña en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
En el Camino de los Prodigios, por el momento, todo luce nuevo. Por eso ahora puede ser un buen momento para recorrerlo. Las instalaciones están en su sitio y las señales aparecen donde deben, informando sobre el autor de las obras y aportando un breve texto para poner en marcha el juego de sugerencias. También en cada cruce de caminos que puede presentar lugar a dudas. Así todo resulta más fácil: bastan una buenas botas, cantimplora y un bastón para dejarse seducir por los prodigios que hasta la mirada más superficial puede descubrir a cada paso. La imaginación pone el resto.
Esta camino extraño y fantasioso puede arrancarse en Villanueva del Conde o en Miranda del Castañar, pero es mejor empezarlo en Miranda. Así se recorre en primer lugar, cuando se tienen más fuerzas, el tramo de subida. Desde Villanueva los caminos que regresan hacia Miranda son descendentes, salvo el repecho final, que aúpa hasta el cerro amurallado tras el que se parapeta una de las localidades más bellas de toda la Sierra de Francia.
 
Una senderista pasa junto a una obra de Alfredo Omaña ubicada en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Una senderista pasa junto a una obra de Alfredo Omaña ubicada en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Si se hace así, el punto de arranque del paseo ha de buscarse en la plaza Mayor de Miranda del Castañar. Sin penetrar, por el momento, en su interior el camino hacia Villanueva del Conde se inicia por la calle de la Alhóndiga. La Alhóndiga, frente al castillo y junto a la puerta del San Ginés, es uno de los edificios históricos de esta localidad. Construido en 1585, fue el almacén desde el que se organizaba el suministro y reparto de trigo. Hoy organiza, al menos a nivel administrativo, la vida de los vecinos: acoge el Ayuntamiento.
La silueta de un viejo olivo convertido en un dragón es una de las obras de Félix Curto en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
La silueta de un viejo olivo convertido en un dragón es una de las obras de Félix Curto en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego

Tras bordear el exterior de las murallas, el paseo enseguida se encarrila sobre el empedrado de los antiguos caminos que llevaban -y llevan- desde la localidad hasta los campos de labor. Los empedrados, en este caso, eran la única forma de mantener transitables los caminos, de mantener abiertas las vías de comunicación con el más allá -de las murallas, se entiende- en un área donde las inclemencias del tiempo podían convertirlo todo en un barrizal intransitable. Pisar estas viejas vías, que ya nadie se preocupa de ir reparando cuando el agua y la nieve, las deshacen, es otro aliciente más que añadir al paseo.

En mitad del descenso, además de topar con la primera de las camas que Alfredo Omaña ha ido sembrando a lo largo del recorrido, se descubre, hacia la izquierda, un desvío que devuelve de inmediato hacia Miranda. Este desvío forma parte del camino de regreso de la “versión abreviada” del paseo, que está pensada para quien se conforme solo con la cata. O para quien no esté seguro de si cuestas, caminos y camas de fantasía casan bien con su apetito. Quien se apunte a esta versión comenzará de la misma manera hasta llegar junto al arroyo de San Benito, uno de los rincones con más encanto del paseo. El viejo puente sobre el arroyo, de cuyo interior brotan las armonías que quiere tocar el viento, y una cama con lecho de césped componen una estampa tan teatral y perfecta que parece que la función está a punto de empezar
Obra de Marcos Rodríguez en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Obra de Marcos Rodríguez en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
  
Ahí el camino se bifurca. Quienes realizan la versión breve torcerán hacia la izquierda para seguir hasta el punto en el que el arroyo confluye con el río Francia, y acometer desde allí la subida hasta Miranda. Habrán recorrido un circuito de apenas 2 km que sirven para estirar la piernas o, quien sabe, despertar gusanillos.
Para el resto se trata solo del aperitivo. Desde el puente sobre el arroyo el paseo sigue de frente para encarar el suave pero continuado ascenso que va acercando hasta Villanueva del Conde. El trazado serpentea por entre los bancales ganando poco a poco en altura y también en hermosas vistas sobre Miranda del Castañar y la lejana Sierra de Béjar, ahora con las cumbres bellamente nevadas. Y así, casi en un sin querer, mientras se descubre cómo teje sus sueños Ariadna o se toma aliento sentado sobre un tronco que filosofa igual que un sabio, el Camino de los Prodigios va obrando el suyo propio: el de la transformación interior que todo viaje conlleva.
 
Obra del artista Alfredo Omaña ubicada junto al arroyo de San Benito en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Obra del artista Alfredo Omaña ubicada junto al arroyo de San Benito en el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Otro de los aciertos del trazado es que no olvida que el hombre lleva interviniendo en el paisaje desde que necesitó hacerse un hueco en las laderas de la sierra. Recorrer esos viejos bancales, aterrazamientos de olivos que hacen planas las laderas para aprovechar mejor el sol y la tierra, es otra recompensa inesperada. Lo mismo que llegar a Villanueva como por su puerta de atrás, recorriendo estrechos callejones a los que ningún turista iría y pasadizos que dicen tanto de su personalidad arquitectónica como la más lucida de sus fachadas.
Una de las instalaciones artísticas de el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Una de las instalaciones artísticas de el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
El regreso a Miranda se hace, ahora ya sí en una plácida cuesta abajo, por caminos diferentes a los de la subida pero con un ansia similar por seguir jugando, persiguiendo camas de ensueño, huevos de oro, peces gigantes o tortugas retozando en el recodo de un camino hasta llegar de nuevo al arroyo de San Benito. La buena noticia es que la función no ha empezado todavía. La mala es que este viaje de prodigios está a punto de terminar. 
Una de las instalaciones artísticas de el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego
Una de las instalaciones artísticas de el Camino de los Prodigios. Sierra de Francia. Salamanca. España ©Javier Prieto Gallego

Mapa de situación
 
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EN MARCHA. Hasta Miranda del Castañar, punto recomendado de inicio del paseo, puede llegarse desde Salamanca por la CL-512 hacia Vecinos para seguir después por la SA-205 hacia Linares de Riofrío y Santibáñez de la Sierra.
EL CAMINO DE LOS PRODIGIOS. Es un sendero circular señalizado que discurre entre las localidades de Miranda del Castañar y Villanueva del Conde. El trazado completo tiene una longitud de 10 km que pueden hacerse en unas cuatro horas. Puede descargarse el folleto correspondiente o el track par GPS en: www.dipsanet.es/turismo/rutas/caminodelosprodigios.
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