El Camino Lebaniego Castellano

Sepulcro de santo Toribio. siglo XIV. Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Cantabria. España. copy javier prieto gallego
Este año es Año Santo en el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Sin duda, una estupenda oportunidad para atreverse con un viaje largo a pie aprovechando la infraestructura y señalización que vamos a encontrar. En este reportaje os hablo del camino tradicional de peregrinación que une la capital palentina con Potes: el Camino Lebaniego Castellano.

Del sur palentino al corazón de Cantabria entre campiñas, obras de arte y bosques profundos

© Texto, vídeo y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

No quiero ni imaginarme cómo serían los palentinos del siglo VI para que Santo Toribio de Palencia, que fue capaz de amansar la furia de un toro y un oso en plena pelea solo utilizando

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su verbo divino, tuviera que salir por piernas cuando pretendía desmontar las herejías priscilianas que corrían por la Palencia de aquel tiempo. De hecho, ese precisamente, el apedreamiento que le llevó a refugiarse en la ermita de Santa María del Cerro cuando insistía en convencer a sus escuchantes de que erraban en sus creencias, es el origen de la Pedrea del Pan y Quesillo, fiesta de Interés Turístico Regional que se celebra el domingo más próximo al 16 de abril. Ante la contundencia de los argumentos que le lanzaban los priscilianos palentinos, no le quedó otra que retirarse a orar en aquella cueva del Cerro del Otero, a salvo de los pedruscos, hasta que una inundación, que los priscilianos achacaron a una maldición divina, llevó de nuevo las aguas a su cauce.

Ese mismo Toribio es el que, tiempo después, y quizá un poco harto de la incomprensión de sus convecinos, buscó refugiarse, junto a un grupo reducido de seguidores, en uno de los valles más bellos de Cantabria: Liébana. Encajado entre poderosas montañas de más de 2.000 metros de altitud, rodeada de profundas gargantas por las que solo circulan los ríos y con tan solo unos pocos pasos de montaña, cerrados por las inclemencias del tiempo la mayor parte del año, dedicarse ahí a la oración y la vida contemplativa era lo más parecido a decir “parad el mundo que yo me bajo”.

El caso es que la leyenda atribuye a este Toribio, auxiliado por el toro y el oso que consiguió amansar en plena pelea, la construcción y fundación del monasterio de Santo Toribio. El mismo al que siglos más tarde arribarían los restos del obispo de Astorga, también de nombre Toribio, junto al mayor trozo conocido de la Cruz de Cristo -del brazo izquierdo, para más señas-. La llegada de estos restos convirtieron el monasterio en un cada vez más brillante foco de peregrinación que fue intensificándose con el paso de los siglos hasta que el papa Julio II le otorgó, en 1512, la bula por la que se estableció el jubileo de una semana a quienes llegaran al santuario los años en que la fiesta de Santo Toribio cayera en domingo. Fue el papa Pablo VI, en 1967, quien amplió el jubileo para todos los días del año comprendidos desde el 16 de abril que coincida en domingo hasta el mismo día del año siguiente. Y por eso peregrinar hasta Santo Toribio tiene en 2017 el mismo premio espiritual que hacerlo hasta Santiago de Compostela cuando le toca: la indulgencia plena de los pecados.

La novedad es que este año esa peregrinación puede hacerse también siguiendo la señalización del Camino Lebaniego Castellano, una vía tradicional de peregrinación que ya aparece citada en 1455 y de la que queda constancia en el Libro de Actas de la catedral de Palencia.

Mapa del Camino Castellano Lebaniego

Puede que siguiendo, más o menos, los mismos pasos que siguiera Santo Toribio de Palencia en su camino hacia el valle cántabro donde fundó el monasterio, los peregrinos de hoy tienen por delante 240 apasionantes kilómetros llenos de atractivos históricos, artísticos y paisajísticos. Esa es la distancia que media entre la catedral palentina, punto de arranque de la peregrinación, y la tumba del santo astorgano.

Un camino que los organismos encargados de impulsarlo han dividido en 11 etapas orientativas y para el que han creado una guía y diversos materiales de apoyo que pueden descargarse de la web diputaciondepalencia.es.

Como es habitual, el diseño de este recorrido jubilar está pensado para ser realizado tanto a pie como en bicicleta, y se han previsto alojamientos más o menos al final de cada etapa y puntos de sellado para ir completando el carné de peregrinos o crucenos, que es como se distingue a los peregrinos que viajan hasta Liébana para besar el mayor trozo conocido de la Cruz de Cristo.

Iglesia románica de El Salvador. Siglo XII. Localidad de San Salvador de Cantamuda. Montaña Palentina. Románico palentino. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Iglesia románica de El Salvador. Siglo XII. Localidad de San Salvador de Cantamuda. Montaña Palentina. Románico palentino. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

Y, también, como es habitual, las etapas previstas en la guía de peregrinaje seguro que se van a quedan cortas a nada que uno se entregue al disfrute y curioseo de todo cuanto se le va a ir presentando a lo largo del camino. Un viaje que cuenta, entre sus alicientes mundanos, conocer la propia capital palentina, de la que parte. Desde ella, toca arrancarse por el Canal de Castilla y recorrerlo por sus sirgas hasta su nacimiento, no sin antes haberse detenido en sus esclusas y el ramillete de localidades que hilvana. En Frómista el cruceno se habrá cruzado con los jacobeos que viajan hacia Santiago y en Herrera seguro que no habrá resistido la tentación de disfrutar de un agradable paseo en barco. En Alar del Rey emprenderá el camino hacia las poderosas montañas del norte atravesando La Ojeda. En Cervera volverá a acercarse a las aguas del Pisuerga y mientras encara el temible puerto de Piedrasluengas seguro que hace un alto en la bellísima iglesia de San Salvador de Cantamuda y otro ante la igualmente bella panorámica de los Picos de Europa en los que va a sumergirse. Ya del lado cántabro aun le quedará un alto imprescindible en la iglesia de Santa María de Piasca y el callejeo por Potes antes de atravesar la Puerta del Perdón del monasterio de Santo Toribio, abierta hasta abril de 2018.

Esclusas 25-27 en el Serrón. Cerca de Grijota. Canal de Castilla. Ramal de Campos. Palencia. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
Esclusas 25-27 en el Serrón. Cerca de Grijota. Canal de Castilla. Ramal de Campos. Palencia. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego

MÁS INFORMACIÓN: DIPUTACIÓN DE PALENCIA

Puedes descargarte el TRACK PARA GPS AQUÍ.

EL COCIDO LEBANIEGO
Que duda cabe de que echar toda esta caminata solo para saciar el ansia de aventura o buscar una recompensa espiritual puede saber a poco a quien gusta también de probar lo mejor de cuanto se cocina, cuando por ahí se va. Así que seguro que una vez concluida la peregrinación y recompensado el espíritu con su dosis de indulgencias, quedarían por reponer las fuerzas perdidas del cuerpo. Y pasa eso, qué mejor que un buen plato de cocido lebaniego estando, como se está, en el lugar donde mejor sabe. Su fama deriva de la calidad de sus ingredientes, que son parejos a la hermosura del paisaje en el que se acunan todos: los pequeños garbanzos de Potes; las patatas y repollos; las carnes, embutidos y su jugoso relleno… precedido, todo ello, de una sabrosa sopa.

VÍA VERDE DEL TREN BURRA
Una forma de entrenarse para la peregrinación o, simplemente, de disfrutar de kilómetros y kilómetros de caminos despejados y prácticamente llanos, es lanzarse por la recién estrenada Vía Verde del Tren Burra, un recorrido especialmente pensado para hacer en bicicleta que recupera parte del trazado del Ferrocarril Secundario de Castilla. Inaugurado en el siglo XIX y abandonado en la década de los 60, este ferrocarril de vía estrecha enlazaba las localidades de Palencia, Villarramiel, Villalón de Campos, Medina de Rioseco y Valladolid, mientras que otro ramal enlazaba Medina de Rioseco y la localidad leonesa de Palanquinos.

Hoy se ofrece como una atractiva propuesta para realizar andando o en bicicleta. El inicio del viaje hay que buscarlo en la dársena del Canal de Castilla en la capital palentina. Desde aquí, la sirga lleva en 5 kilómetros hasta la esclusa 30 para conectar con la antigua plataforma de la vía del tren y continuar por ella pasando por las estaciones de Villamartín, Mazariegos (con torre de observación), Baquerín y Castromocho. En total son 30 kilómetros.

Una aventura de mayor calado puede consistir en continuar un poco más y enlazar con el Ramal de Campos del Canal de Castilla que ofrece la posibilidad -loca idea- de un largo rodeo por sus orillas para regresar por ellas a la capital palentina.

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