El desfiladero de Las Xanas (Asturias)

El desfiladero de Las Xanas es uno de los recorridos senderistas más populares de Asturias. También uno de los más bellos. Son cinco kilómetros de paseo que se adentran por el espectacular cañón que el arroyo de Viescas o de Las Xanas ha abierto entre las poderosas moles calizas del Concejo de Santo Adriano, a menos de 25 kilómetros de Oviedo.

LOS HECHIZOS DEL ABISMO

Un paseo de vértigos por el desfiladero asturiano de Las Xanas

El desfiladero de Las Xanas
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© Texto, fotografía y vídeo: JAVIER PRIETO GALLEGO

En la mitología asturiana y leonesa, las xanas son unos seres femeninos extraordinarios que se caracterizan por su pequeña estatura, una gran belleza y por vivir en cuevas o junto al curso de ríos y arroyos. También por su capacidad de hechizar a hombres jóvenes que, incautos, se acercan hasta ellas y quedan prendados por su belleza. Lo que buscan en realidad es que algún buen mozo les rompa el encantamiento en el que viven y vuelvan a ser “normales”. Esto sucede, especialmente, en torno a la noche de san Juan, que es cuando más se dejan ver junto a las pozas y cascadas, ocupadas en sus tareas favoritas: bailar, cantar, desenredarse sus largas melenas con peines de oro o devanar madejas de hilo de plata y oro.


Vídeo del reportaje sobre el desfiladero de Las Xanas
. © Javier Prieto Gallego

Aviso para navegantes: para conseguirlo tienen varias estrategias pero dos son las que se repiten con mayor frecuencia. La primera se conoce como la del “bollo de cuatro picos” y consiste en que la xana entrega al mozo que se le arrima un bollo de pan de cuatro picos con la exigencia de que lo mantenga intacto durante un año. Si lo cumple, la xana se desencantará y el mozo ganará, además de una bella moza, los inimaginables tesoros que todas las xanas poseen escondidos en lugares que solo ellas conocen. El problema es que, si el mozo ya está casado, la mujer acaba encontrando el bollo antes del año y ve imposible pegarle un mordisco a escondidas. Si lo hace, como es mágico, el bollo empieza a sangrar hasta que la mujer, a la vista del lo sucedido, lo disimula como puede para que no se note. Cuando el hombre vuelve por san Juan a buscar a la xana todo ufano con su bollo como el primer día, la xana descubre el engaño del bollo mordido y frustra las expectativas con un cabreo tan grande que más vale salir por piernas antes de que la cosa empeore.

Otra forma en la que las xanas encantan es convirtiéndose en serpiente -o dragón u otro ser repugnante y temible- y pidiendo al mozo que domine su miedo mientras ellas se enroscan por su cuerpo hasta acabar besándolo en la boca. Si lo dominan, el mozo gana. Si el miedo vence, el mozo puede acabar hecho una piltrafa -cojo, tuerto o irreconocible de puro feo-.

Uno de los túneles que se atraviesan en el recorrido por el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego
Uno de los túneles que se atraviesan en el recorrido por el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego

Claro que todo eso debe ser cosa del pasado, de cuando las mitologías se cocían a la luz de la misma hoguera en la que se ponía el puchero a cocer las fabes y se mataba la espera -y el hambre- escuchando cuentos. Hoy, las xanas del siglo XXI practican una nueva forma de encantamiento: la que incita cada año a miles de animosos senderistas a adentrarse por uno de los desfiladeros más bellos de la Cordillera Cantábrica, precisamente la angostura vertiginosa que lleva su nombre: el desfiladero de Las Xanas. Solo así se explica el enorme gancho de este rincón del norte asturiano, capaz de verse próximo al colapso tanto en sus accesos como en su trocha en un día festivo cualquiera de primavera. Y sin necesidad siquiera de que esté próxima la noche de san Juan.

Sea como fuere, este desfiladero, que debe de recibir su nombre por la especial abundancia de estas bellezas amantes de las humedades, no necesitaría de sus poderes para convertirse en objeto de peregrinación. Su belleza es tal que reúne, por sí solo, méritos suficientes. Y un atractivo que incluso hace olvidar el de las pequeñas ninfas que, se supone, viven por miles en el fondo del barranco. De hecho, ya en el año 2002 recibió su reconocimiento oficial como espacio natural protegido con la categoría de Monumento Natural del Principado de Asturias, doscientas hectáreas en torno al arroyo de Las Xanas que tienen entre sus inquilinos vivos más distinguidos a la nutria paleártica (Lutra lutra) y al desmán ibérico.

La culpa de que sea tan popular, en cualquier caso, no es de las ninfas. Es, sobre todo, de los ingenieros de caminos que en la década de los años 50 del siglo pasado -otros dicen que en la de los 30- se liaron a barrenazos con el propósito de construir una carretera que sacara del aislamiento los pueblos de Pedroveya, La Rebollada y Dosango y los comunicara con el valle principal, el que recorre el río Trubia a menos de 25 kilómetros de Oviedo. Puede que porque el camino elegido no fuera el mejor o puede que porque las xanas no vieran con buenos ojos que les echaran a perder su lugar secreto en el mundo, el caso es que aquel proyecto de carretera quedó convertido en una arriesgada senda de montaña que en gran parte de su recorrido no supera los dos metros de ancho. Osea, el espacio justo para ponerte de lado si se cruza alguien contigo. Y todo ello mientras se bordean, durante casi todo el trayecto, precipicios que, según donde se consulte, van de los 80 metros en vertical a los 500. En cualquiera de los casos, lo suficiente como para no contarlo en caso de resbalón. A no ser, eso sí, que justo en el momento final una de esas xanas encantadas y encantadoras tenga a bien concederte sus favores.

Como he dicho, el proyecto de carretera no llegó a buen puerto -al final, esta se realizó por espacios más fáciles de domar- pero quedó para la posteridad un hermosísimo recorrido que atraviesa túneles y cornisas de vértigo.

El desfiladero de Las Xanas se abre en su mayor parte a través del concejo de Santo Adriano. Son cinco kilómetros de garganta tallados con increíble audacia por el arroyo de Viescas -o de Las Xanas- en su descenso encabritado hacia el río Trubia. Tal proeza es posible gracias a que lo que le toca atravesar es un inmenso sustrato de roca caliza formado hace entre 300 a 400 millones de años atrás, momento en el que va tomando cuerpo como parte del sedimento marino que se acumula durante millones de años en el fondo del océano. 

 

En algunos puntos una cuerda ayuda a mantener el equilibrio en el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego
En algunos puntos una cuerda ayuda a mantener el equilibrio en el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego

El proceso geológico continuó con el levantamiento que dio lugar a la formación de las montañas y que explica por qué en algunos lugares se descubren impresos en la roca pequeños caracolillos –goniatites– y tornillos -tallos de poteriocrinus-. Los canchales que se atraviesan en la caminata son consecuencia de la fracturación de la roca caliza en las zonas más altas. Por estas, y alguna otra razón más, el desfiladero de Las Xanas además de ser hermoso a los ojos de cualquiera es también un lugar de especial interés para los geólogos.

Buena parte de esa belleza radica en el contraste que brinda la palidez grisácea de la caliza con la fronda que verdea hasta las más increíbles fisuras. En algunas de estas se localiza una pequeña planta vivaz de flores rosadas, la petrocoptis glaucifolia, endémica de la Cordillera Cantábrica. En cuanto a la fronda de más porte, el paseo discurre entre las encinas, carrascas, laureles y aladiernos propios de los paredones calizos o las rampas de altura; los carbayos, los fresnos, los avellanos o tilos de las vaguadas más húmedas y umbrías; y las hayas y castaños que ocupan las zonas más abiertas y frescas. El Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Flora incluye en este lugar a la woodwardia radicans, asociada al río; y al acebo y al tejo en los cortados calizos.

El paseo, propiamente, se inicia en el aparcamiento del Molín, ubicado a un costado de la AS-228, en las proximidades de Villanueva de Santo Adriano, justo en el arranque de la carretera hacia la localidad de Tenebredo. De hecho, una de las rampas más duras del recorrido son los 200 metros que llevan desde el aparcamiento hasta el inicio de la senda, a la derecha de la carretera, señalizado con un mojón y un cartel informativo.

El camino bordea espectaculares cortados en el recorrido por el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego
El camino bordea espectaculares cortados en el recorrido por el desfiladero de Las Xanas. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego

A partir de ahí, la senda va ganando altura de una forma progresiva a lo largo de sus cinco kilómetros de trazado mientras se aprecia cómo, curva a curva y paso a paso se enfila hacia la parte más angosta del cañón. Esta se alcanza como a una hora del inicio, al final de uno de los tramos más espectaculares del recorrido, en los que este discurre por una cornisa de no más de dos metros de ancho, cortada al vacío sin mayor protección que la prudencia.

Tras él se produce el encuentro directo con el arroyo y el fresco bosque que lo envuelve. Es el territorio más propicio para el enredo con las ninfas. Y de hecho muchos excursionistas aprovechan la cercanía de las pozas para remojar los pies o tirar de almuerzo.

 

Praderas en lo alto del desfiladero de Las Xanas junto a la localidad de Pedroveya. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego
Praderas en lo alto del desfiladero de Las Xanas junto a la localidad de Pedroveya. Asturias. España. © Javier Prieto Gallego

Pero la remontada aún no ha acabado. Queda el tramo final, para algunos el más duro de pelar por lo empinado de la cuesta. Tras dejar atrás los restos de un viejo molino y separarnos de nuevo del arroyo se abren dos posibilidades: la que tira por la izquierda cruza otra vez el arroyo y remonta por las bravas las praderas de altura tras las que se localiza Pedroveya. La de la derecha da comienzo a una escalinata tras la que, con un pequeño rodeo, se llega, con menor esfuerzo hasta la ermita de San Antonio y su centenario tejo, antesala perfecta desde la que recuperar el resuello de los últimos metros antes de alcanzar Pedroveya.

EN MARCHA. El desfiladero de Las Xanas se localiza en el concejo de Santo Adriano, entre las localidades de Villanueva de Santo Adriano y Pedroveya.
EL PASEO. Lineal y señalizado. Entre el inicio del paseo, en el aparcamiento del Molín, junto a la AS-228, y Pedroveya hay cinco kilómetros de recorrido que salvan 375 metros de desnivel. Puede hacerse en una hora y media.
DIFICULTAD. Con el suelo seco y calzado de montaña es de fácil realización, si bien exige buenas dosis de precaución. Observando las lógicas prevenciones es posible realizarla incluso con niños.
COMER. Un buen plan para realizar el desfiladero de Las Xanas puede consistir en subir hasta Pedroveya y comer en el restaurante Casa Generosa (tel. 98 578 30 46), un restaurante de comida casera y platos contundentes. El menú son 15€ por persona y dan a elegir entre tres primeros y tres segundos (pote asturiano, fabes, sopa de pescado, cabrito, ternera guisada…). Ideal para reponer fuerzas después de la caminata pero es imprescindible reservar con tiempo porque se poner hasta la bandera.

Mapa del recorrido

El desfiladero de Las Xanas

 

Y tú ¿has probado ya el menú de Casa Generosa? ¿Te parece un paseo fácil? ¿conoces otros desfiladeros parecidos a este? 

 

 


Así lo publiqué en EL NORTE DE CASTILLA

 

 

El desfiladero de Las Xanas (Asturias)
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