El puente Mayor de Valladolid: un puente con leyendas

El Puente Mayor, sobre el río Pisuerga, y Valladolid fotografiados al anochecer desde lo alto del edificio Duque de Lerma. Valladolid. Castilla y León. España, 2005 © Javier Prieto Gallego
El Puente Mayor, sobre el río Pisuerga, y Valladolid fotografiados al anochecer desde lo alto del edificio Duque de Lerma. Valladolid. Castilla y León. España, 2005 © Javier Prieto Gallego
¿Sabías que el puente Mayor de Valladolid también tiene sus leyendas?
GUÍA DE VALLADOLID

© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

A falta de datos históricos que aseveren con certeza la gestación del puente Mayor, una de las construcciones más antiguas que atesora la ciudad de Valladolid en estos momentos, dos leyendas acuden al rescate de quien quiera imaginar cómo fueron sus inicios, verdaderos o no. Así se recogen en el libro de Javier Burrieza, Guía misteriosa de Valladolid.

La obra de Mohamed

Una de ellas asegura que tuvo lugar en tiempos del conde Ansúrez, en una de aquellas ocasiones en las que el conde, ajetreado en sus tareas repobladoras, tuvo que abandonar la incipiente población que comenzaba a expandirse junto al Pisuerga, dejando el gobierno en manos de su esposa doña Eylo. Es entonces cuando doña Eylo, imaginando la cara de sorpresa que pondría a su regreso, pretendió ofrecer a su esposo el regalo de un puente que salvara las aguas del Pisuerga para evitar el peligro de morir arrastrado por la corriente al cruzarlo. Pensando en quién podría acometer semejante desafío, mandó llamar a un esclavo moro constructor, conocido como Mohamed, que estaba trabajando en las edificaciones que por entonces se llevaban a cabo en la ciudad. Mohamed escuchó a la condesa y le prometió llevar adelante el encargo, pero para sus adentros también pensó que aquella era una buena oportunidad para vengarse de los condes por la prohibición que les habían impuesto, a él y a una bella mora llamada Zaida Fatima de quien estaba profundamente enamorado, de continuar adelante con aquella relación, bajo ningún concepto.

Así pues Mohamed se puso manos a la obra y llevó a cabo el encargo, sólo que el constructor diseñó un puente tan sumamente estrecho que resultara imposible escapar por él en caso de que  la ciudad fue cercada por el enemigo, con lo que en realidad lo que había hecho era facilitar la tarea a los atacantes que quisieran conquistarla.

Puente Mayor. Valladolid. España, 2009 © Javier Prieto Gallego
Puente Mayor. Valladolid. España, 2009 © Javier Prieto Gallego

Por supuesto, cuando el conde regresó y se dio cuenta del propósito de Mohamed exigió que el puente fuera inmediatamente ensanchado, a lo que se ofreció un peregrino de paso por la ciudad, quien acabó casándose con Zaida Fátima después de ser bautizada.

El diablo entra en juego

Hay quien asegura, sin embargo, que el puente Mayor es obra del mismísimo diablo y que fue levantado en una noche de espantosa tormenta. Aconteció en tiempos en los que la ciudad se hallaba repartida entre los dos poderosos clanes que durante siglos se disputaron el control del gobierno y las instituciones vallisoletanas, los Rehoyo y los Tovar.

Restos de las antiguas aceñas que hubo junto al Puente Mayor. Río Pisuerga.Valladolid. Castilla y León. España, 2009 © Javier Prieto Gallego
Restos de las antiguas aceñas que hubo junto al Puente Mayor. Río Pisuerga.Valladolid. Castilla y León. España, 2009 © Javier Prieto Gallego

Un joven perteneciente a la familia Tovar se había enamorado de una joven que vivía en la otra orilla del Pisuerga, por lo que acostumbraba a tomar una barca con la que cruzar el río cada vez que quería encontrarse con ella. Pero el joven Tovar, una noche tormentosa en la que acudía al encuentro amoroso, se vio asaltado por otro joven celoso de aquella relación, perteneciente al clan enemigo. El asalto se resolvió con la espada hasta que cayó muerto el miembro de la familia Rehoyo, tras de lo cual el enamorado corrió a coger su barca para acudir a la cita. Pero la tormenta arreció, el viento se volvió huracanado y las aguas del Pisuerga rugían como si el océano estuviera corriendo por ellas. Tal cúmulo de impedimentos sólo hizo que acrecentar el deseo del joven hasta que no pudo ya controlar su ira y su soberbia. Así que, cegado por la urgencia, acabó invocando al propio Satanás, quien reclamó su alma por llevar a cabo el milagro de permitirle pasar a la otra orilla. El joven, sin pensarlo, accedió. Y el río en ese momento entró en una extraña ebullición de espumas rojas que acabaron por tomar la forma de un pequeño diablo, tan hábil y rápido que en un suspiro tendió el puente sobre las aguas. Tovar corrió por él hasta la otra orilla pero al llegar a la casa donde vivía su amada sólo encontró un cuerpo calcinado y apenas reconocible. El diablo había ganado por partida doble y el puente quedó como recuerdo de aquella noche.

 

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