La catedral de Santiago de Compostela (La Coruña)

La catedral de Santiago de Compostela vista desde la plaza del Obradoiro al anochecer. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
La catedral de Santiago de Compostela vista desde la plaza del Obradoiro al anochecer. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
Cómo visitar la catedral de Santiago de Compostela, qué ver y por qué está donde está.

Un paseo de misterios y asombros por el interior de uno de los monumentos más visitados de España

© Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego

Para muchos, más que un monumento es una pura obsesión. Y si no que se lo pregunten a los miles de peregrinos que cada año se echan al Camino con el empeño puesto entre ceja y ceja de llegar como sea a la plaza del Obradoiro, darse tres cabezazos contra el Portigo de la Gloria, besar el manto plateado del Apóstol y, si se tercia, echarle unas fotos al baile del botafumeiro y sus tiraboleiros. En las listas de los monumentos más visitados de España siempre está entre los diez primeros, codo a codo con La Alhambra, el Museo del Prado o la Sagrada Familia, que son el trío ganador. El caso es que si se contasen sus visitantes desde el principio de los tiempos la catedral de Santiago no tendría rival en Europa, ni casi en el mundo.

Claro que para eso hay que hacer un largo viaje en el tiempo. En concreto hasta el mismo momento en el que es “descubierto” el cuerpo del apóstol Santiago y dos de sus discípulos en un rincón olvidado del monte de Libredón. Allí llevaban enterrados casi ochocientos años hasta que un ermitaño llamado Pelagius o Paio observó, en torno al año 820, extraños fenómenos lumínicos, luces caprichosas, estrellas fugaces, prodigios inexplicables que llegaron a oídos del obispo Teodomiro, autoridad religiosa de la cercana Iria Flavia, que acudió al lugar para dar por cierto el fenómeno e identificar las tres tumbas sobre las que volaban las luces como las pertenecientes al Apóstol olvidado y a sus discípulos. El lugar pasó a llamarse desde entonces Campus Stellae, el Campo de las Estrellas, la actual Compostela. Y aquellas tres tumbas se convirtieron en un motor capaz de generar una energía que parece no tener fin, capaz de impulsar la corriente de espiritualidad, o tal vez de simple curiosidad, que ha movido -y sigue moviendo- a millones y millones de personas a caminar hacia Santiago.

La catedral de Santiago de Compostela vista desde el parque de La Alameda. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
La catedral de Santiago de Compostela vista desde el parque de La Alameda. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

Una vez dada por cierta la autenticidad de las tumbas, cuyo aspecto era el de un mausoleo romano, es el rey Alfonso II quien promueve la construcción de un pequeño templo de barro, madera y piedra pegado a aquel mauselo. Pero por poco tiempo. La monarquía cristiana de aquel momento enseguida vio posibilidades propagandísticas al asunto. Necesitaban algo de más empaque y capacidad así que un poco después, en el año 872, Alfonso III derribó el templo para levantar uno nuevo haciendo que el mausoleo quedara formando parte de su cabecera. Aunque su techumbre era de madera, el interior estaba decorado con ricos materiales procedentes de expolios cometidos por Alfonso III en Al-Andalus, entre ellos, vistosas columnas de mármol. Fue consagrada en el 899. 

Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

Al mismo tiempo que el templo se hacía mayor también ganaba en amplitud el terreno ocupado por quienes comenzaron a levantar sus casas en torno a las tumbas. Unos vieron enseguida las posibilidades de negocio: miles y miles de personas llegando cada año con el ansia de postrarse ante el santo iban a necesitar de todo. Otros simplemente llegaban tan cansados del viaje que, si nadie les esperaba en casa, preferían evitarse el camino de vuelta.

Es en pleno empuje de la Reconquista, tras el saqueo sufrido por la ya notable ciudad a manos de Almanzor, cuando se acomete una nueva reconstrucción. En 1075 se comienza a levantar la catedral románica por la cabecera, su parte actualmente más antigua, pero sin derribar el templo prerrománico ni el mausoleo. Se diseña una basílica de grandes dimensiones con girola y capillas en la cabecera, pensadas para que la gente circule por el interior. Las tumbas se quedaron donde estaban mientras en torno a ellas el templo crecía y crecía como una cebolla. El fenómeno de las peregrinaciones resulta ya imparable y la ciudad y su catedral no han dejado de adaptarse a él desde entonces.

En aquel proceso de la construcción del templo románico es cuando hace su aparición una pieza clave de esta historia: el maestro Mateo que llega para terminar el brazo mayor del crucero y acabará ideando y construyendo una de las obras cumbre de la iconografía española: el Pórtico de la Gloria.

Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

 La visita a este impresionante conjunto arquitectónico que es la catedral de Santiago hay que empezarla desde fuera, plantados ante la fachada del Obradoiro y dejándose envolver por los trajines constantes de una plaza que, sin parar su actividad en ningún momento, va cambiado los colores de su ambiente según las horas del día. Esa misma plaza es la que sirvió durante siglos como taller en el que los canteros daban los últimos toques a las piedras antes de izarlas hasta el lugar que debían ocupar: el “obradoiro”, el lugar de los “obreros” de la catedral.

La fachada que se asoma a ella está considerada como la obra cumbre del barroco compostelano. La idea desarrollada por el arquitecto compostelano Fernando de Casas y Novoa fue la de reproducir un retablo al aire libre que, al mismo tiempo que sustituía la románica -ya vieja y pasada de moda- sirviera para proteger de la inclemencias del tiempo al Pórtico de la Gloria. La escalinata de la parte inferior además de dar acceso al templo encubre la cripta o capilla de Santiago Alfeo, ideada por el Maestro Mateo para dar apoyo al último tramo del brazo mayor del templo.

Unos peregrinos contemplan la fachada del Obradoiro desde el centro de la plaza. Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
Unos peregrinos contemplan la fachada del Obradoiro desde el centro de la plaza. Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

Entrar a la catedral de Santiago atravesando el Pórtico de la Gloria lleva más tiempo que hacerlo por cualquiera de sus otras puertas por la simple razón de que es imposible no detenerse en él. Así se haya atravesado mil veces. Este portal de piedra policromada está considerado una obra cumbre de la iconografía románica medieval y aún hoy impresiona tanto por la riqueza y variedad de figuras talladas como por su exquisita perfección. Es obra del conocido como Maestro Mateo y del amplio equipo de canteros que trabajó a sus órdenes. Más de 200 figuras se reparten en el complejo programa iconográfico distribuido sobre sus tres arcos para brindar a los visitantes del templo una expresiva lección sobre lo que acontecerá en el final de los tiempos, siguiendo las pautas que brinda del tema el Libro del Apocalipsis.

En mitad del arco central, sobre la columna, se localiza la estatua que representa a Santiago. Bajo ella la tradición manda colocar la mano abierta sobre el mármol desgastado, en la creencia de que así verán cumplidos tantos deseos como los dedos de la mano. Del otro lado, una figura de rodillas mira desde el mismo pórtico hacia el altar Mayor. Se interpreta que es el autorretrato del Maestro Mateo porque en la cartela que sostiene entre las manos se leía “Architectus”. Lo que sí es cierto es que la tradición compostelana lo ha acabado convirtiendo en el Santo dos Croques. Croque en gallego es coscorrón y darse tres cabezazos contra la cabeza de esta figura es lo que hace quien desea entrar en el templo siguiendo la tradición. El rito nace por la costumbre de las madres compostelanas de traer a sus niños y golpearles la cabeza contra la del Maestro Mateo para que se les contagie algo de su bien demostrada inteligencia.

No es raro que la obsesión por abrazar al santo, alimentada por muchos días de agujetas y ampollas, deje la visita a la catedral en un mero trámite, casi tan burocrático como sellar la Compostela. Enorme error que, de no ser por las indulgencias que se ganan, resultaría casi casi imperdonable. La catedral alberga un montón de rincones de interés y su visita detallada da para varias horas de curioseo y lecciones bíblicas.

Fachada del Obradoiro y una esquina del Palacio Rajoy. Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
Fachada del Obradoiro y una esquina del Palacio Rajoy. Catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

Una forma de organizarla, para no liarse en el intento, pueder ser la de seguir, desde los pies hacia la cabecera, deteniéndose en la contemplación de las capillas abiertas todo a lo largo del amplio perímetro basilical. Al llegar a los brazos el recorrido pide a gritos salir a la exterior para no perderse las lecciones en piedra que los artesanos grabaron en los tímpanos y arquivoltas de sus otras dos puertas: la de la Azabachería y la de las Platerías.

Y, por supuesto, la visita detallada al templo implica también el recorrido por las zonas museísticas relacionadas con la catedral: el Claustro y Museo Catedralicio, la Cripta del Pórtico de la Gloria, el palacio de Gelmírez y las cubiertas de la catedral. Las entradas se adquieren en el Centro de Visitantes ubicado en la cripta del Pórtico de la Gloria.

El recorrido del primero permite el acceso a dos de las capillas más notables del templo, la de las Reliquias y la del Tesoro. La primera fue Sala Capitular y ahora es Panteón Real. Además del claustro, que da acceso a rincones tan importantes del conjunto como el archivo catedralicio o la biblioteca. Pero la visita al museo sorprende por la rica colección de tapices flamencos de entre los siglos XVI y XVIII.

El botafumeiro funcionando en acción en la catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego
El botafumeiro funcionando en acción en la catedral de Santiago de Compostela. La Coruña. Galicia. España © Javier Prieto Gallego

 

La visita a la cripta, que se ubica bajo el mismo Pórtico de la Gloria es una buena oportunidad de apreciar el ingenio del Maestro Mateo para nivelar la planta de la catedral, mucho más larga que el espacio horizontal disponible.

Por último, nadie debería prescindir de la ascensión hacia los cielos que supone caminar como un gato por los tejados de la catedral ni de la visita al contiguo palacio de Gelmírez, un importante edificio civil medieval que permite merodear por su cocina románica y, junto a ella, el gran salón utilizado como comedor en el que acostumbraban a conmemorarse los grandes acontecimientos. Destaca en él la colección de figuras esculpidas en las trece ménsulas sobre las que apoyan los arcos de la sala. Gracias a ellas se tiene en la actualidad un impagable retrato de lo que era un banquete gallego en el siglo XIII: un fraile que bendice alimentos; a un personaje que come empanadas mientras otros criados acercan otros alimentos; músicos que amenizan el banquete, un juglar con un oso amaestrado…

LA CATEDRAL. Permanece abierta todos los días del año de 7 a 20,30 horas.
Información. Tel. 981 56 93 27. Web: catedraldesantiago.es.
EL BOTAFUMEIRO. Su funcionamiento puede verse como “Ofrenda del Peregrino” durante la misa de las 19,30 que tiene lugar todos los viernes del año. También en conmemoraciones especiales.

 

Así lo publiqué en EL NORTE DE CASTILLA

 

Y tú ¿conoces la catedral? ¿has realizado la visita por sus cubiertas? ¿sabes de dónde viene la tradición del botafumeiro?
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