Olmedo: ladrillo, capa y espada (Valladolid)

Ladrillo mudéjar y logotipo en un rincón del Palacio del Caballero. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Ladrillo mudéjar y logotipo en un rincón del Palacio del Caballero. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
La sombra del caballero es alargada en Olmedo (Valladolid). Mucho más desde que se puso en marcha, a mediados de 2005, el palacio que ejerce como estación de arranque de un fantástico viaje al siglo de Oro español. Desde entonces muchos miles de personas han viajado ya al país de las sombras, de los duelos y traiciones, de alcahuetas y galanes, criados, correveidiles, encuentros de amor y muerte.

La figura del Caballero y el mudéjar polarizan una visita a esta población vallisoletana

© Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego

La sombra del caballero es alargada en Olmedo (Valladolid). Mucho más desde que se puso en marcha, a mediados de 2005, el palacio que ejerce como estación de arranque de un fantástico viaje al siglo de Oroespañol. Desde entonces muchos miles de personas han viajado ya al país de las sombras, de los duelos y traiciones, de alcahuetas y galanes, criados, correveidiles, encuentros de amor y muerte. Es el primer acto de una visita que, terminado el tránsito por el interior del palacio, se degusta con mayor intensidad, si cabe, por la que está considerada como la capital del mudéjar vallisoletano.

Multimedia del reportaje “Olmedo: ladrillo, capa y espada”. © Javier Prieto Gallego

La culpa de que a todo el mundo le suene “que de noche le mataron al Caballero/ la gala de Medina, la flor de Olmedo” es de Lope de Vega, genial y prolífico dramaturgo que hizo de un cantar tradicional castellano una de sus más celebradas dramatizaciones. Dicen las actas que el crimen acaeció en realidad en un camino entre Olmedo y Medina del Campo el 2 de noviembre de 1621. Don Juan de Vivero, caballero del Hábito de Santiago y vecino de Olmedo, fue asesinado por Miguel Ruiz saliéndole al camino para liquidar a traición las diferencias que se traían. De este hecho, coloreado con entusiasmo por el boca a oreja popular, parte Lope para tejer su tapiz de intrigas y amores fatales, haciendo más grande la leyenda e inmortales a los personajes.

En la trama, el caballero de Olmedo pasó a llamarse don Alonso y su amada, doña Inés. Y el cuento que se cuenta dice que, en tiempos de Juan II, este caballero galán quedó prendado de doña Inés en una de sus visitas a las ferias de Medina, la más importante del mundo en su tiempo. Inseguro de su correspondencia, busca el caballero las artes de Fabia, alcahueta vieja, quien se ofrece de mediadora para propiciar el encuentro. Doña Inés, por su parte, también se ha fijado en el caballero pero se encuentra presa del amor que le muestra don Rodrigo, a quien no quiere pero con quien su padre ha concertado casarla. Don Rodrigo, que sospecha de las aspiraciones del caballero, sufre una tarde un percance en los toros pero es salvado de la muerte por el caballero don Alonso, que también asiste a la corrida. Y este gesto, que es sentido por don Rodrigo como una humillación más del caballero hacia su persona, le impulsa a urdir una emboscada en la que el caballero, que regresa de noche hacia Olmedo, muere.

 

Sala de bienvenida. Palacio del Caballero. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Sala de bienvenida. Palacio del Caballero. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Pero la visita al palacio del Caballero lleva mucho más allá de la leyenda. De hecho, está concebida como un original viaje en el que anfitriones virtuales salen al paso para acompañar por las diferentes salas al visitante curioso. Un impresionante montaje técnico lleno de recursos teatrales, efectos especiales y un entretenido guión hacen la magia. Dentro se pierde la noción del tiempo y el espacio mientras de las sombras surgen los personajes, el propio Lope entre ellos, que hablan del teatro, de la vida, del amor, del caballero y de la muerte. En realidad, el palacio donde tiene lugar este viaje de fantasía es el palacio de los condes de Bornos, situado en la plaza de San Julián, y su patio trasero, acotado por las vetustas murallas medievales, se ha convertido, además, en la sede donde se celebra cada año, al aire libre en el mes de junio, el Festival de Teatro Clásico.
 El otro rincón imprescindible de Olmedo es su parque temático del Mudéjar de Castilla y León, mucho más veterano en las lides de sorprender al viajero. Sus 15.000 metros cuadrados albergan en la actualidad 21 réplicas a escala 1:8 de edificios mudéjares de Castilla y de León. La minuciosidad de las reproducciones, realizadas con los mismos materiales que los edificios originales, sorprende tanto como engancha a los más pequeños el trenecillo, también a escala, que circula por todo el recinto.
La forma más económica de realizar ambas visitas es sacando una entrada conjunta para los dos recintos (adultos, 7,20 euros; niños 5,75 euros).
Reproducción a escala de la iglesia de San Juan Bautista de Freno el Viejo en Valladolid. Maqueta del Parque Mudéjar. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego;
Reproducción a escala de la iglesia de San Juan Bautista de Freno el Viejo en Valladolid. Maqueta del Parque Mudéjar. Olmedo. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego;
INFORMACIÓN. Palacio Caballero de Olmedo. Plaza San Julián, 3.
Tel: 983 60 12 74.www.palaciodelcaballero.com. Parque Temático del Mudéjar, Pasión Mudéjar, N-601, a la entrada de la localidad. Tel. 983 62 32 22 http://www.olmedo.es/pasionmudejar.
OTROS RINCONES. Una forma de comprobar la fidelidad de algunas de las replicas del Parque Mudéjar es pasar por las murallas de Olmedo. Todavía puede verse una buena muestra de ellas mientras se busca el arco de San Miguel. A su lado queda la iglesia del mismo nombre, que alberga en su interior la cripta de la Soterraña, con retablos de Lucas Jordán. Traspasar el arco es penetrar de nuevo en el territorio del caballero: un laberinto de callejas, iglesias y rinconadas, en un escenario que, si es de noche, pueden emboscar hasta el alma.

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