Lois (León)

Localidad de Lois. León. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
Localidad de Lois. León. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
Lois, en un hermosos anfiteatro montañoso abierto al final del desfiladero del río Dueñas, es conocido por poseer entre sus calles un templo tan desproporcionado y hermoso que recibe el apelativo de la "Catedral de la Montaña". Pero Lois también es peculiar por otras razones. ¿Quieres conocerlas?

El río Dueñas, afluente del Esla entre Cistierna y Riaño, descubre entrañables rincones en el camino hacia Lois

© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Arrancamos este viaje de asomobros entre algunos de los pliegues más espectaculares de las montañas leonesas en Crémenes, 14 kilómetros al norte de Cistierna, siguiendo la N-621 que sube hacia Riaño y su pantano. Esta población a pie de río y carretera, capitana del vallecito que se le extiende en derredor, disfruta el récord de ser una de las localidades de este entorno en las que ha aparecido un mayor numero de lápidas vadinienses. Y hay que decir que vadinienses eran los habitantes de Vadinia, ciudad celta de ubicación concreta no conocida a ciencia cierta pero muy mentada por los historiadores de la antigüedad, y que formaban parte del nutrido grupo de tempranos pobladores indígenas que hicieron de las montañas cántabras y astures su casa, antes de la llegada de Roma y sus legiones.

Aunque no son excesivamente abundantes sus restos tampoco son infrecuentes, por más que muchos de los yacimientos que podrían haber aportado materiales sobre su existencia descansen bajo la espectaculares aguas del cercano pantano de Riaño. Del paso de Roma por la zona quedan restos de una calzada en la zona conocida como El Pajar del Diablo, entre Valdoré y Villayandre.

Saliendo por la N-621 hacia Riaño, en 3 kilómetros, se localiza la desviación que se empeña en remontar el curso del río Dueñas hasta alcanzar el hermoso rincón donde se levanta el pueblo de Lois.

Antes, en los primeros kilómetros de esta retorcida y estrecha carretera, se descubre, a la derecha, la ermita de Nuestra Señora del Roblo, compartida por los pueblos de Salamón, Valbuena del Roblo y Las Salas. Su fiesta grande es el 15 de septiembre y merece la pena acercase hasta aquí además de en esa fecha, por lo vistoso de su romería, entre pendones y danzas de antaño, también a primeros de agosto por lo espectacular de los corros de la tradicional lucha leonesa que se organizan en sus sombreadas praderías.

Carreterita arriba, por la izquierda sale la desviación hacia el minúsculo pueblo de Valbuena del Roblo, haciendo honor a su apellido en un entorno de frondosos robledales. Este pueblo, de notoria afición a la lucha leonesa, tiene a gala haber sido cuna de notables luchadores.

A medida que se remonta el Dueñas, el valle se estrecha mientras se suceden las pequeñas poblaciones de Salamón y Ciguera, antes de encarar Lois, en el punto donde el valle vuelve a abrirse, hermoso y ancho. Hasta Lois merece la pena llegar por muchas cosas, pero sobre todo para comprobar si es desmesurado o no el apelativo que de manera popular se da a su iglesia parroquial como ‘La Catedral de la Montaña‘. Y cada cual decidirá. Pero lo que si es evidente, además de su belleza en medio de un apretado y perdido círculo montañoso, es la desproporción que presenta con respecto al caserío. De aires herrerianos, enorme, sólida, fue levantada por impulso de Juan Manuel Rodríguez Castañón, obispo de Tuy e hijo del pueblo, en 1764, empeñado en regalar a su pueblo algo que no pasara desapercibido. El mastodóntico templo -sobre todo si se compara con las dimensiones de la poblacióna la que habría de servir- fue realizado por Fabián Cabezas, maestro mayor de la catedral de Toledo. Además de por su enormidad, llama la atención por el colorido del mármol rojizo y sin pulimentar, extraído en el entorno del pueblo, con el que fue puesta en pie.

En el siglo XVIII se levantaba entre prados y montañas de vértigo una auténtica catedral de mármol rojizo. Así pinta la localidad de Lois, en un espectacular anfiteatro montañoso por encima de cuyo caserío se alza su desproporcionado templo. De aires herrerianos, enorme, sólido, fue levantado por impulso de Juan Manuel Rodríguez Castañón, obispo de Tuy e hijo del pueblo, en 1764, y realizado por Fabián Cabezas, maestro mayor de la catedral de Toledo. Localidad de Lois. León. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego
En el siglo XVIII se levantaba entre prados y montañas de vértigo una auténtica catedral de mármol rojizo. Así pinta la localidad de Lois, en un espectacular anfiteatro montañoso por encima de cuyo caserío se alza su desproporcionado templo. De aires herrerianos, enorme, sólido, fue levantado por impulso de Juan Manuel Rodríguez Castañón, obispo de Tuy e hijo del pueblo, en 1764, y realizado por Fabián Cabezas, maestro mayor de la catedral de Toledo. Localidad de Lois. León. Castilla y León. España © Javier Prieto Gallego

Pero Lois es un pueblo de montaña fuera de lo normal sobre todo por la preocupación que tuvo en siglos pasados para que nacer en la montaña no fuera sinónimo de incultura y miseria. La misma familia que puso en pie la iglesia impulsó una escuela de latín que funcionó durante doscientos años: la Cátedra de Latín, en un viejo caserón maltratado por el tiempo, y que fundó Jerónimo Castañón en 1742. A principios de ese siglo Lois tenía ya una Escuela de Primeras Letras en la que tantos y tantos montañeses descubrieron en la lectura la forma de descifrar un mundo que se perdía lejano, tras de tantas y tan apretadas montañas.

Otro rincón peculiar de esta localidad peculiar es la Casa del Humo, singular y añejo ejemplo de arquitectura tradicional montañesa con techumbre vegetal cuya rehabilitación se ha convertido en todo un referente a nivel internacional por su proyecto de arquitectura sostenible. La rehabilitación ha preservado la estructura y tipología de la casa tradicional leonesa, con el paso de acceso a vivienda, almacenes y cuadras en la planta baja, y la alcoba y el espacio multifuncional de estancia, hogar y hornera en la planta primera. El espacio destinado a acogida de visitantes y zona expositiva se corresponde con las antiguas cuadras. También se ha recuperado y canalizado el paso de agua de manantial que atravesaba el patio frontal de la vivienda o “antojano” y que suministraba el agua corriente.

EN MARCHA. El valle del río de Dueñas se localiza 19 kilómetros al norte de Cistierna, por la N-621. Lois es el último pueblo de este estrecho valle.

QUÉ MÁS. Nada cuesta, desde Crémenes, y antes de enfilar el curso del Dueñas, llegarse hasta Corniero, a 3 kilómetros, en lo alto de un estrecho valle por el que también bajan aguas hacia el Esla. Una antigua danza, el baile de Los Titos, escenificada con pandereta y tambor, es parte de su patrimonio más valioso. De vuelta a Crémenes se puede emplear otro rato más en llegarse hasta Argovejo, en el lado contrario del Esla. En las inmediaciones de este pueblo, levantado donde confluyen los valles de La Trapa y de Llampas, además de restos de los trabajos mineros llevados a cabo en el siglo XIX, se intuyen, en un paraje conocido como El Castro, pozos y galerías que podrían haber pertenecido a un asentamiento prerromano.

 

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