Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, el tesoro de las Villuercas (Cáceres)

Real monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y Puebla de Guadalupe en el corazón de la Sierra de las Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Real monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y Puebla de Guadalupe en el corazón de la Sierra de las Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
El monasterio de Guadalupe es Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Te invito a conocer cómo surgió y a descubrir por qué se convirtió en uno de los monasterios que más han tenido que ver con la historia de España y América.

La vaca perdida de Gil Cordero

Arte, naturaleza y mucha espiritualidad en el monasterio de Guadalupe

© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Qué poco imaginaba Gil Cordero que aquella vaca escapada iba a liarla parda. Tan parda como que si no es por ella nos habríamos quedado sin uno de los centros de devoción mariana más importantes de la cristiandad. Al menos tal y como lo conocemos hoy. Aunque también es posible que la Virgen, siendo quien es, hubiera encontrado otras maneras de hacerse entender, de comunicar al mundo dónde estaba enterrada una de sus imágenes más viajeras. Hablamos, claro, de la leyenda fundacional del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, en la provincia de Cáceres.

Dice esa leyenda que un pastor cacereño, de nombre Gil y de apellido Cordero, personaje histórico documentado, andaba, a principios del siglo XIV, por la sierra de las Villuercas buscando desesperadamente una de sus vacas. Perdida desde hacía tres días, la halló, al fin, muerta junto al río Guadalupe, en las faldas del monte de Altamira. Fue al ir a desollarla para averiguar de qué había muerto cuando la res cobró vida mientras la Virgen se le aparecía con el propósito de indicarle que en el mismo sitio donde había caído el animal se encontraba enterrada una talla suya, que debía ser desenterrada y construido en ese lugar un templo. No tardó el pastor ni un suspiro en correr con el encargo a Cáceres en busca de clérigos que le acompañaran en la tarea, y certificaran al mismo tiempo que la visión no había sido consecuencia de ninguna intoxicación indebida, cuando se encontró con que su hijo acababa de morir. Ocasión pintiparada para volverle de nuevo a la vida, gracias otra vez a la intercesión de la Virgen, y demostrar a los clérigos que la cosa del encargo iba en serio. Es de suponer que a la carrera, llegó el grupo al lugar junto al Guadalupe que les indicó el pastor, cavaron donde les dijo y encontraron un sepulcro con una talla de la Virgen, una campanilla de plata y una carta donde se explicaba cómo todo aquello había llegado hasta allí. Fue el comienzo de una de las fundaciones monásticas que más han tenido que ver con la historia de España y, allende los mares, con la de buena parte de América.

 

Claustro y templete mudéjar del Real monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. Sierra de las Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Claustro y templete mudéjar del Real monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. Sierra de las Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
La talla milagrosa en cuestión llevaba ya doce siglos dando tumbos por el mundo. Para la leyenda, salió de las mismísimas manos de san Lucas, uno de los discípulos de los Apóstoles que más contacto tuvo con la Virgen. En teoría era médico, aunque nada impide creer que también manejara la gubia y supiera hacer retratos. El caso es que a su muerte -en el siglo I- la talla y su cuerpo fueron a parar a Grecia. En el siglo IV ambas cosas continuaron viaje hasta la capital de la cristiandad, entonces Constantinopla -hoy Estambul-, de donde las recogió sanGregorio Magno para, a finales del siglo VI, llevarlas consigo a Roma. El viaje continúa cuando, tras ser elegido Papa,  este le envía la talla de la Virgen a su amigo san Leandro, entonces arzobispo de Sevilla, como un regalo. Y en Sevilla se habría quedado si no es porque la invasión árabe, en torno al 711, llevó a un grupo de clérigos sevillanos a huir hacia el norte tratando de poner a salvo reliquias y objetos sagrados. Fueron estos clérigos quienes, tal vez por verse en las últimas, enterraron la talla de la Virgen, la campanilla y la carta en el preciso lugar junto al río Guadalupe al que fue a parar, 600 años después, la vaca perdida de Gil Cordero. El mismo sitio en el que, cumpliendo el mandato de la Virgen levantaron la pequeña ermita que sería el germen de la localidad de Guadalupe y del complejo monacal de 20.000 metros cuadrados que es hoy en día, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993.

Claustro Mudéjar del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Claustro Mudéjar del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Desde aquel templito, y con un viaje tan largo a sus espaldas, no tardó en expandirse la fama milagrera de esta Virgen. Es así como supo de su existencia el rey AlfonsoXI, que acostumbraba a cazar por aquellos montes fragosos. Aunque su devoción llegó al máximo, en particular, tras la victoria contra los musulmanes en labatalla de El Salado, el 20 de octubre de 1340, que atribuyó directamente a su intercesión. El rey, tras la victoria, no dudó ni un momento en dar un empujoncito regio al pequeño santuario y, aprovechando los ecos propagandísticos de aquella sonada victoria, hacer las donaciones necesarias y conceder los privilegios que pusieran en marcha un complejo monacal en condiciones: el priorato secular que, tras 48 años, daría lugar al monasterio de fundación real del que se hicieron cargo los jerónimos entre 1389 y 1835. 
Por supuesto, la fama de aquella Virgen de tez oscura se multiplicó por un millón, el río de peregrinos creció hasta convertirse en un no parar y la querencia de los reyes por el lugar cogió tal consistencia que hasta se construyeron palacios integrados en el complejo para que sus estancias allí fueran en las condiciones debidas.
Entre los monarcas con más afición por el monasterio destacan por goleada los Reyes Católicos, en especial la reina Isabel, que pasó por él en más de veinte ocasiones  y dejó bien sentenciado que su testamento debía guardarse entre sus paredes para que “cada e cuando fuere menester verlo originalmente lo puedan allí fallar…”. Dado el tiempo que pasaba en él tampoco extraña mucho que a su rebufo aparecieran personajes de la talla de Cristóbal Colón, que ansioso por obtener dinero para emprender el primero de sus viajes transoceánicos se pasó media vida esperando la aprobación del viaje, primero, y, tras el Descubrimiento, otra media esperando lo prometido. 
Patio de la Hospedería. Patio Gótico del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Patio de la Hospedería. Patio Gótico del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Cristóbal Colón visitó Guadalupe en tres ocasiones. La primera de ellas en 1486. La segunda, al regreso de su segundo viaje a América, de donde volvió cargado de ofrendas para la Virgen y con dos indiecitosa los que bautizó en Guadalupe con el nombre de Pedro y Cristóbal, y que pasaron a la historia por ser los primeros nativos americanos de los que se conserva acta bautismal. La pila en la que se les bautizó, y que estuvo durante siglos dentro de la iglesia, es la misma que hoy hace de copa en la fuente que hay frente a la entrada principal de la iglesia.
A Colón también hay que atribuir el mérito de ser el primero de los navegantes en llevarse la fama de la Virgen de Guadalupe al otro lado del océano, si bien es verdad que la legión de navegantes y exploradores extremeños que participaron en la exploración de las tierras americanas fueron quienes extendieron por todo el continente una devoción que echó allí unas profundas raíces. En otros momentos de la Historia, el monasterio se convirtió en uno de los escenarios más recurridos para propiciar los encuentros de la monarquía española con la de Portugal.
 
Crucero. Iglesia del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Crucero. Iglesia del monasterio de Guadalupe. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego

 

Pero si algo resulta curioso de imaginar es que un lugar con tanto abolengo, acostumbrado a preparar habitaciones para reyes, embajadores y ministros fuera, también y hasta el siglo XIX, el hospital oficial al que venían a parar todos los soldados del ejército español afectados por la sífilis. De hecho, el cuidado de la tromba de peregrinos que desde sus primeros tiempos acudían al monasterio en busca de indulgencias o milagros, acabó convirtiéndolo en un complejo hospitalario formado hasta por cuatro hospitales independientes en los que se trataban diversas dolencias de forma especializada. Guadalupe se convirtió en escuela de medicina a la que acudían notables médicos y cirujanos, se investigaba con nuevos procedimientos curativos y eminentes doctores sentaban cátedra. Avances como la sutura para el cierre de heridas y llagas o el uso del mercurio para el tratamiento de la sífilis se aplicaron en Guadalupe desde finales del siglo XV dando merecida fama a sus hospitales.


Artesanía tradiconal del cobre. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Artesanía tradiconal del cobre. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Por supuesto, todo este trasiego de unos y de otros al paso de los siglos no solo hizo grande un monasterio que no paró de crecer y atesorar hasta el hachazo de las desamortizaciones, en 1835, también hizo grande a La Puebla de Guadalupe, el núcleo urbano que prosperó en torno al monasterio y que hoy es una bella localidad de aires tradicionales que cuenta con la consideración de ser Conjunto Histórico Artístico. Abundan en él las casas porticadas, con balconadas corridas, las calles estrechas y una arquitectura popular que brilla especialmente en rincones como el de la puerta y calle de Sevilla, la plaza de los Tres Chorros, la calle Ruperto Cordero o la calle Berganza, en la que se localiza la casa en la que vivió el pastor Gil Cordero. También en la zona alta, por encima del monasterio, merecen paseo las calles Pasión, Nueva, Real, Logroño o Corredera.
Plaza frente al monasterio de Guadalupe. La copa de la fuente es la pila bautismal en la que fueron bautizados los indios traidos por Cristóbal Colón en su segundo viaje a América. Arquitectura tradicional. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Plaza frente al monasterio de Guadalupe. La copa de la fuente es la pila bautismal en la que fueron bautizados los indios traidos por Cristóbal Colón en su segundo viaje a América. Arquitectura tradicional. Localidad de Guadalupe. Sierra de Villuercas. Cáceres. Extremadura. España. © Javier Prieto Gallego
Destacable es también la tradición artesana que conserva la localidad, efecto, en parte, de la continuada afluencia de peregrinos durante siglos. De toda ellas -bordados, madera, cerámica- la artesanía del latón y el cobre destaca sobre las demás hasta haberse convertido en una auténtica seña de identidad.
LA VISITA.  El legado arquitectónico, artístico y cultural que atesora el monasterio es inmenso. Solo su biblioteca histórica conserva más de 1oo.000 ejemplares. Entre las partes más sobresalientes del recorrido turístico se encuentran el claustro mudéjar, con un templete en su centro que es símbolo arquitectónico del monasterio y la glorieta del lavatorio; el museo de los Bordados, donde se ve uno de los vestidos de la reina Isabel la Católica; el museo de Miniados, con una valiosa colección de cantorales de grandes dimensiones; el museo de Pintura y Escultura, en el que destacan 8 pequeños cuadros de Zurbarán y un Crucifijo de marfil atribuido a Miguel Ángel; el claustro gótico; la basílica y la sacristía. Esta última es una de las estancias más bellas del conjunto, con una espléndida colección de lienzos pintados por Zurbarán.
EL MONASTERIO. Tel. 927 36 70 00. Web: www.monasterioguadalupe.com.
OFICINA DE TURISMO DE GUADALUPE. Tel. 927 154 128. Web: oficinadeturismoguadalupe.blogspot.com.es. Visitas guiadas al monasterio: lunes-domingo, 9,30-13 y 15,30-18,30 horas. Precio: 4 €.
 
Mapa de situación
Así lo publicó EL NORTE DE CASTILLA 
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