Sidney y The Opera House (Australia)

El Opera House de Sidney es uno de los edificios más famosos y emblemáticos del siglo XX. Fue declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad. Diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957, se inauguró el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II del Reino Unido.Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney es uno de los edificios más famosos y emblemáticos del siglo XX. Fue declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad. Diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957, se inauguró el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II del Reino Unido.Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
Sidney y la historia de su famosa Opera House, un edificio moderno declarado Patrimonio de la Humanidad que visitan cerca de cuatro millones de personas cada año.
© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Sidney vibra como una de las ciudades más cosmopolitas y avanzadas del globo; una urbe con casi cuatro millones de personas en la que sus habitantes presumen de uno de los niveles de vida más altos que puedan encontrarse. El tren monorrail que recorre parte de la ciudad por encima de coches y peatones resulta, además de silencioso y muy japonés, la expresión más futurista de una forma de vida cocinada al aroma de las mil razas que pululan por sus calles. Porque si de otra cosa están orgullosos los australianos en general, y los habitantes de Sidney en particular, es de su ‘multiculturalidad’, la capacidad para acoger al inmigrante venga de donde venga y añadir al puzle una pieza más. En un recuento oficial figura que en los últimos 50 años han llegado a Australia casi cinco millones y medio de emigrantes procedentes de 200 países. El cincuenta por ciento de los australianos son emigrantes de primera generación o hijos directos de emigrantes.

 Avance del reportaje “Sidney y su Opera House”.  © Javier Prieto Gallego

Fue en 1770 cuando el capitán de la marina inglesa James Cook desembarcó por primera vez en una amplia bahía del este de la ‘Terra Australu Incognita’, un continente hasta ese momento desconocido del que Cook dibujó cuidadosamente su costa a medida que ascendía hacia el norte en su viaje de regreso a Inglaterra. Cook bautizó la bahía como Botany Bay. Allí su equipo de naturalistas recogió muestras de la vegetación, realizando meticulosas observaciones sobre los extraños animales, árboles y aves que habitaban el lugar.

Bahía de Circular Quay y el skyline de la ciudad. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
Bahía de Circular Quay y el skyline de la ciudad. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
Los acontecimientos hubieran sucedido de otra forma de no mediar la Guerra de Independencia Norteamericana. Cook ya había regresado a Inglaterra cuando la guerra norteamericana provocó la interrupción del envío de presos que la Corona realizaba a menudo en aquella dirección con el fin de aliviar las abarrotadas cárceles inglesas. Ante la necesidad de buscar nuevos destinos para tan peculiar mercancía Joseph Bank, jefe de la expedición científica de Cook en su viaje por los mares del sur, propuso un lugar idóneo, lo suficientemente alejado, improductivo y salvaje como para no volver a ver más a aquellos deshechos de la sociedad: las remotas tierras de Nueva Gales delSur

Es así como la que se conoce como ‘Primera Flota’desembarca de nuevo en Botany Bay en enero de 1788, tras un ajetreado viaje de ocho meses. Su cargamento lo componen 759 hombres y mujeres condenados, 13 niños, 400 marineros y cuatro compañías de soldados con víveres suficientes para dos años. Los primeros australianos blancos llegan al continente después de que, 40.000 años antes, lo hicieran los antecesores de los actuales aborígenes desde alguna región de Asia. Al frente de esta flota va el capitán Arthur Phillip, a la postre primer gobernador de la colonia. Ocho días después de desembarcar en Botany Bay, los nuevos colonos deciden trasladarse a un lugar, más apropiado para construir el penal y toda la infraestructura necesaria, situado 25 kilómetros más al norte, en la bahía que Cook había llamado Port Jackson y que rápidamente pasaría a denominarse Sydney Cove.
El Sidney Harbour Bridge, que atraviesa la bahía de Sídney, conecta el centro financiero de la ciudad con la costa norte, una zona de carácter residencial y comercial.Tras más de ocho años de construcción se abrió al público el 19 de marzo de 1932. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
El Sidney Harbour Bridge, que atraviesa la bahía de Sídney, conecta el centro financiero de la ciudad con la costa norte, una zona de carácter residencial y comercial.Tras más de ocho años de construcción se abrió al público el 19 de marzo de 1932. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
El lugar preciso que Cook bautizó como Port Jackson es hoy Circular Quay, el centro neurálgico de la enorme bahía que el río Parramatta abre en su encuentro con las aguas del océano. Desde aquí, el asentamiento más antiguo del hombre blanco en Australia, entran y salen a diario cientos de transbordadores repletos de pasajeros. Este es el punto estratégico en el que se conecta entre sí el peculiar sistema de transporte público de Sidney: trenes, autobuses y barcos que enlazan los principales puntos de una ciudad con 1.800 kilómetros cuadrados de extensión. Sidney sin sus transbordadores, que comunican a toda velocidad unos puntos con otros de la bahía, no sería lo que es. Pero tampoco sin su magnífico puente. Ni su espectacular Opera House. Ambos símbolos se levantan a izquierda y derecha de Circular Quay, como si la ciudad pudiera abarcarse con una sola mirada (fatua ilusión).
Circular Quay, el puerto de la bahía de Sidney, en el centro finaciero y turístico de Sidney. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
Circular Quay, el puerto de la bahía de Sidney, en el centro finaciero y turístico de Sidney. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego

Tanto la opera como el puente cargan con su particular anecdotario. Desde luego el más llamativo corresponde a su Opera House, una historia que parece una ópera en sí misma. El compositor Eugene Goossens, descendiente directo del propio Cook, es uno de los principales responsables de que se levantara el edificio. El dirigía en 1947 la Orquesta Sinfónica de Sidney y él convenció al gobierno de que la ciudad debía contar con un teatro de ópera situado en el lugar que ocupa hoy, frente al espectacular puente de acero, en lo que los aborígenes llamaron Bennelong Point. Un año después de que el gobierno anunciara su intención de levantar el teatro, la policía acusó a Goossens de intentar introducir material pornográfico en Australia tras encontrar en su equipaje artículos y fotografías, en un registro realizado en el aeropuerto cuando regresaba de una de sus giras. Después de este incidente Eugene Goossens abandonó el país.

El Opera House de Sidney es uno de los edificios más famosos y emblemáticos del siglo XX. Fue declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad. Diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957, se inauguró el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II del Reino Unido.Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney es uno de los edificios más famosos y emblemáticos del siglo XX. Fue declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad. Diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957, se inauguró el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II del Reino Unido.Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego

Para sacar adelante el proyecto, el gobierno de Nueva Gales del Sur convocó en 1955 un concurso arquitectónico internacional al que se presentaron 233 diseños. Después de una compleja selección de las propuestas el premio recayó en un imaginativo arquitecto danés, Jorn Utzon, de 38 años. Pero lo que en un principio debió tardar tres años en realizarse se alargó hasta 26, pasando a convertirse en un cúmulo de pesadillas causadas tanto por las dificultades constructivas a la hora de llevar a la práctica el diseño, como por el desorbitado incremento del presupuesto inicial. Un cruce de acusaciones y un público enfrentamiento entre Utzon y las autoridades estatales desembocó en la renuncia del arquitecto danés, dejando la construcción inacabada y saliendo del país para no regresar ni siquiera cuando fue invitado a la inauguración.

Después del escándalo producido, un consorcio de cuatro arquitectos australianos asumieron la conclusión de la obra de Utzon rediseñando gran parte del interior del teatro. Finalmente, la reina de Inglaterra inauguró The Opera Houseel 20 de octubre de 1973. La enorme inversión efectuada en el edificio ha seguido pagándose por los australianos hasta hace poco mediante la emisión de una lotería especial destinada a este fin. Hoy, la acústica de su sala de conciertos está considerada como una de las tres mejores del mundo. Y no sólo los habitantes de Sidney, sino todos los australianos, ven en este gigantesco edificio, mitad armadillo, mitad tortuga, el símbolo de un país en el que la imaginación es uno de los valores más cotizados. 


El 28 de junio de 2007, la UNESCO declaró la Ópera de Sidney Patrimonio de la Humanidad, el edificio más moderno del mundo que ha recibido este título. El edificio recibe cada año cerca de cuatro millones de turistas.
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Opera House de Sidney Australia. © Javier Prieto Gallego
El Sidney Harbour Bridge, que atraviesa la bahía de Sídney, conecta el centro financiero de la ciudad con la costa norte, una zona de carácter residencial y comercial.Tras más de ocho años de construcción se abrió al público el 19 de marzo de 1932. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
El Sidney Harbour Bridge, que atraviesa la bahía de Sídney, conecta el centro financiero de la ciudad con la costa norte, una zona de carácter residencial y comercial.Tras más de ocho años de construcción se abrió al público el 19 de marzo de 1932. Sidney. Australia. © Javier Prieto Gallego
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