Una visita a Berlanga de Duero (Soria)

Imagen invernal del castillo y murallas de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Imagen invernal del castillo y murallas de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
A Berlanga de Duero, en la provincia de Soria, el poso de la historia se le escapa por todos sus rincones. Su cercanía al Duero hizo que fuera una posición codiciada por cristianos y musulmanes durante más de doscientos años. Descubre aquí qué ver y cómo organizar la visita.

Un castillo, una colegiata, un caimán y un montón de cosas más

Texto, vídeo y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Berlanga, su castillo y su muralla conforman una estampa tan típica que parece puesta para una película de El Cid. Pero no, este pueblo es así de pura cepa. Sin trampas ni cartón. Y esa estampa, a la que los desmoronamientos otorgan la misma veteranía que las canas a una pelambrera, es el resultado de un largo camino, de los mil cruces con los que el destino entreteje la bufanda de la historia.

Vídeo del reportaje: Berlanga de Duero: un castillo, una colegiata, un caimán y un montón de cosas más. © Javier Prieto Gallego
A Berlanga le pasó que el Duero se convirtió bien pronto en su mejor razón para existir. También el Escalote, que labra tras el castillo un foso tan profundo que en su fondo apenas se proyecta el sol. Durante casi 200 años, entre los siglos X y XI, el Duero y las franjas ribereñas de ambos lados se convirtieron en un tablero de ajedrez sobre el que cayó más sangre que agua. Es lo que tienen las tierras de frontera cuando se disputan con un ahínco que, a ritmo de carne mortal, debió de parecer eterno. A lo largo de esos dos siglos y en ese espacio fronterizo, en el que Berlanga tuvo un papel preponderante, el Duero dibujó sobre los campos y los mapas la línea a conquistar: marca de reconquista para los reinos cristianos, que bajaban desde las montañas del norte tomando el impulso que les ayudara a saltarlo; Marca Media para un Al-Ándalus que aspiraba con llegar al infinito y más allá.
Imagen invernal del crucero con el castillo y las murallas al fondo. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Imagen invernal del crucero con el castillo y las murallas al fondo. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 Esa es la razón por la que Berlanga se hizo y se deshizo tantas veces que al final nadie llevó la cuenta. También es el motivo de que su castillo acabara construyéndose en el lugar más difícil de tomar por las bravas: sobre una estrecha meseta rocosa en la que el río Escalote ejerce de foso natural y con las vistas privilegiadas que permitían no dejarse coger por sorpresa. Desde ese cerro enriscado se divisa, entre otras muchas cosas, la silueta imponente de Gormaz, la que fuera en su tiempo la mayor fortaleza califal de Europa.
Imagen invernal del crucero con el castillo y las murallas al fondo. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Imagen invernal del crucero con el castillo y las murallas al fondo. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 
Y dicen las crónicas que, entre unas y otros, por él pasaron figuras de la talla de Almanzor. O Fernando I, que en 1060 entró a saco para quedárselo. Y aunque los anteriores ocupantes lo dejaron libre a la fuerza durante un tiempo tuvo que recuperarlo, en 1080, Alfonso VI, que quiso hacer jaque mate entregando la defensa del castillo y de la villa al mismísimo Cid Campeador por “juro de heredad”, osea, con la condición de no poder venderla o darla a cambio. Al final, fue Alfonso I de Aragón quien la gana y la repuebla definitivamente. Pero como el destino teje y desteje a capricho sus prendas, pasado en encontronazo de religiones Berlanga continuó ejerciendo su papel de tierra fronteriza en disputa entre los reinos de Castilla y Aragón.
Imagen invernal de la torre del homenaje. Castillo de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Imagen invernal de la torre del homenaje. Castillo de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 El castillo de hoy no es el de aquellas refriegas, aunque muchas de sus piedras y gran parte de los cimientos sí sean los mismos. Este vino a recomponerse en el siglo XV, amansadas ya las aguas de los embates más feroces, ya en tiempos de los nuevos señores de la villa, la familia Tovar. Y aunque no todos están de acuerdo, parece ser que aquellas obras de remodelación se alargaron más allá de los 100 años. Tanto que acabaron mezclándose con las de la construcción del palacio señorial que proyectaron al pie de la misma colina. Y hasta tal punto, que hay quien asegura que si el castillo no llegó a remodelarse por completo fue debido al que el interés de los nuevos propietarios estaba ya mucho más por las construcciones palaciegas suntuosas que en acabar un castillo tocho, puede que con muy buenas defensas pero en el que las corrientes de aire resultaban más difíciles de burlar que en un palacio moderno y de nueva construcción.
Paisaje nevado a través de una ventana sobre el cañón del Escalote en el castillo de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Paisaje nevado a través de una ventana sobre el cañón del Escalote en el castillo de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 La edad de oro de esta villa tan bregada en mil batallas llegó en el siglo XVI tras la entrega por parte Carlos V del castillo, villa y territorio con título de marquesado a la familia de los Tovar en recompensa a los favores prestados durante la Guerra de las Comunidades. La posterior fusión de este linaje con la sangre de los Velasco, a la sazón, Condestables de Castilla, hizo de Berlanga un polo de atracción al que se arrimaron nobles, hidalgos y aspirantes a ambas cosas, razón de ser de tanto escudo como menudea aún sobre las fachadas de muchas casas. Quiénes de aquellos nobles estuvieron de parte del bando comunero se sabe porque tras la revuelta a los acusados de traicionar a la Corona se les picaba el escudo para borrar así las huellas de un pasado glorioso pero sin retirarlo, dejando la evidencia de la ignominia a la vista de todos y por los siglos de los siglos.
Puerta del Mercado y Palacio de los Frías. Siglo XVI. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Puerta del Mercado y Palacio de los Frías. Siglo XVI. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 Del refinamiento que alcanzó la población, anexionada también al ducado de Frías, queda, sobre todo, la fachada del palacio de los Frías. El saqueo y posterior incendio realizado por los franceses en sus lujosísimas estancias durante la Guerra de la Independencia se llevó por delante todo lo demás. Cuentan las crónicas que antes de la hecatombe este palacio atesoró maravillosos jardines renacentistas que, aterrazados desde la plaza hasta el castillo, cubrían toda la ladera salpicados de fuentes, baños y ornamentos. Todo ello regado por un ingenioso acueducto, de posible origen árabe y del que aún quedan restos visibles, que subía el agua desde el Escalote para repartirla por todo el complejo. Y aunque hoy la fachada de ese palacio luce sobre todo como un trampantojo recorrido por una fila de ventanales huecos, deja imaginar muy fácilmente la suntuosidad de aquellos tiempos en los que Berlanga se constituyó en un sucedáneo de pequeña corte avivada por los aires de notoriedad y el inmenso poder de los señores de la villa.
Imagen invernal de la estatua del dominico fray Tomás de Berlanga. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Imagen invernal de la estatua del dominico fray Tomás de Berlanga. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 A esa fachada hueca, por cuyos ventanales se transparenta el azul del cielo, da la espalda la estatua el vecino más ilustre de Berlanga,fray Tomás, el dominico viajero al que unas corrientes convirtieron en descubridor accidental de las islas Galápagos y otros menesteres en obispo de Panamá. Menos conocido es que a él se debe la introducción del plátano africano en América, un cultivo fundamental para la historia del continente, que arrancó con unas semillas escogidas en las islas Canarias.
Plaza Mayor de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego;
Plaza Mayor de Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego;

El recorrido por el interior de esta bella localidad soriana, que cuenta con un puñado largo de puntos de interés, como la puerta de Aguilera, el rectángulo porticado de su plaza Mayor, el rollo gótico que campea a la entrada, la iglesia del convento de las Concepcionistas, la ermita de la Soledad  o el Hospital, destaca por su impresionante talla monumental la ex-colegiata de Santa María del Mercado, otro de los empeños de los Condestables por evidenciar poder y riqueza. Su construcción, más rápida que un rosario, en apenas cuatro años, implicó la destrucción de las diez pequeñas parroquias entonces existentes, de aires románicos, a esas alturas un estilo feo, oscuro y trasnochado del que solo sobrevivió un tímpano, en su momento policromado y que hoy campea sobre la puerta de entrada a la iglesia del convento de Las Concepcionistas, y la imagen de la titular del templo.

Bóvedas de crucería de la ex-colegiata de Santa María del Mercado. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Bóvedas de crucería de la ex-colegiata de Santa María del Mercado. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
 El edificio es un notable portento arquitectónico que navega entre un gótico tardío y un pujante renacentismo, de poderosas columnas, altas bóvedas de nervaduras flamígeras, con coro, un bello y restaurado retablo barroco presidido por Nuestra Señora del Mercado y quince capillas, cada una de ellas auténticos museos bien dotados de retablos platerescos, barrocos, tallas, lujosos sepulcros o pinturas. Anecdótica, aunque siempre citada, es la presencia, a la entrada, del famoso ardacho, un caimán disecado y relleno de paja que fue traído de las islas Galápagos por el obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga, como souvenir exótico. Su tamaño debió de parecer descomunal a los vecinos, más acostumbrados al tamaño discreto de los lagartos y lagartijas castellanos que a los saurios americanos de tan temible dentellada.
 
El 'ardacho', caimán traído por fray Tomás de Berlanga de las islas Galápagos. Ex-colegiata de Santa María del Mercado. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
El ‘ardacho’, caimán traído por fray Tomás de Berlanga de las islas Galápagos. Ex-colegiata de Santa María del Mercado. Berlanga de Duero. Soria. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
EN MARCHA. Hasta Berlanga de Duero se puede llegar desde El Burgo de Osma primero por la N-122 en dirección a Soria tomando después el desvío de la CL-116 hacia Almazán. En Hortezuela un desvío acerca hasta Berlanga.
INFORMACIÓN. Oficina de Turismo: tel. 975 34 34 33. Ayuntamiento: tel. 975 34 30 11. Ex-colegiata: Para visitarla hay que llamar previamente, tel. 975 34 30 57.
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Y así lo publicó EL NORTE DE CASTILLA
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Una visita a Berlanga de Duero (Soria)
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