Valpuesta: un viaje a los orígenes más remotos del castellano (Burgos)

Colegiata de Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Colegiata de Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Hace ya tiempo que los expertos han consensuado que los primeros balbuceos del castellano no se localizan en San Millán de la Cogolla (La Rioja) sino en la Colegiata de Santa María de Valpuesta (Burgos). Te invito a que te acerques a este poco conocido rincón de Las Merindades y te hagas un fácil paseo a pie semiseñalizado por sus alrededores.

Balbuceos, farfullos y mucho moho

Un paseo a pie por el entorno en el que quedaron escritas las primeras palabras en castellano, la colegiata de Valpuesta

© Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego
Reportaje publicado originalmente en EL NORTE DE CASTILLA el 19.06.2009

Otra más de vergüenza ajena. Pues resulta que va uno dispuesto a disfrutar de un apartado rincón de la geografía burgalesa -tan apartado que es tal cual una península mar adentro de las tierras alavesas- porque ha oído que allí, en medio de un paisaje de ensueño -verdes valles, profundos bosques, grandes montañas- se halla ubicada la colegiata de Santa María de Valpuesta, el santuario perteneciente a un remotísimo monasterio entre cuya documentación administrativa, escrita sobre piel de becerro en el siglo IX, se han encontrado palabras y expresiones de distintos amanuenses que pretendían escribir en latín pero al que se les escapaban las palabras con las que los campesinos del entorno llamaban a las cosas. Es decir, esas palabras perdidas entre otras latinas muestran que, al menos en esa zona, la gente ya no habla el latín, aunque se siga escribiendo,  y que las cosas van teniendo para el pueblo llano nombres distintos. Son, como acostumbra a titularse, los balbuceos del castellano. Lo novedoso está en que hasta no hace mucho se consideraba que las anotaciones de este tipo más antiguas que se tenían eran las aparecidas en documentos del monasterio de San Millán de la Cogolla, escritas en el siglo XI. Es decir, las de Valpuesta, son hoy por hoy las más antiguas.

 

Cartulario de Valpuesta

La Real Academia de la Lengua Española, en noviembre de 2010, ha avalado estos documentos como los más antiguos en los que aparecen las primeras palabras escritas en castellano. Son, por tanto, más de 100 años más antiguos que las Glosas Emilianenses del Monasterio de San Millán de la Cogolla y casi 175 años anteriores a las burgalesas Glosas Silenses. En cualquier caso, estos tres conjuntos de documentos son tres eslabones fundamentales en la explicación de cómo se fue conformando el castellano desde sus primeros tiempos.

 

Retablo mayor de la Colegiata de Valpuesta. siglo XIV. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Retablo mayor de la Colegiata de Valpuesta. siglo XIV. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

La historia es fascinante y arranca, más o menos cuando en el año 804 llega al valle un obispo llamado Juan y consolida el obispado de Valpuesta, el segundo de la Reconquista. En un momento en el que casi toda la Península se encontraba ya, del Duero hacia el sur, bajo el dominio musulmán desde el obispado de Valpuesta se organizaba la fe cristiana en una amplísima jurisdicción territorial que llegaba hasta el Cantábrico y se extendía por Asturias y las montañas del sur de Burgos. El monasterio y sus monjes prosperaron durante los siglos en los que se iba consolidando la Reconquista hasta que, a finales del siglo XI, fue desinflándose al mismo tiempo que surgían otros centros de poder eclesiástico. Pero no del todo. El monasterio, sus monjes y sus trajines dieron todavía para levantar la actual colegiata gótica en el siglo XIV y continuar los altibajos propios de su ocupación hasta que la Guerra de la Independencia, primero y la Desamortización, después, inauguraron el periodo de desaguisados y desastres que tanto patrimonio se llevó por delante en España.

Púlpito de la iglesia de la Colegiata de Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Púlpito de la iglesia de la Colegiata de Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

El caso es que los milagros y las naves del misterio quisieron que de entre lo mucho perdido se salvara un conjunto inconexo de documentos administrativos en los que distintos monjes de los siglos IX y X iban anotando donaciones, compraventas y herencias relacionadas con el monasterio. Esos documentos son conocidos como los Cartularios de Valpuesta, y en ellos figuran ya palabras que con el tiempo evolucionarían hacia el castellano y también hacia el vascuence.

Casa del insquisdor Zaldivar (1590). Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Casa del insquisdor Zaldivar (1590). Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

El abundante scirptorium de Valpuesta fue destruido casi en su totalidad durante la Guerra de la Independencia (1813). Más de dos mil soldados franceses se calentaron durante dos noches quemando libros y manuscritos. Solo se libraron los cartularios gótico y Galicano y los documentos aquí expuestos, además de los que están archivados en la catedral de Burgos y el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Hoy Valpuesta son apenas cuatro casas y una soberbia torre fuerte perdidas en una carretera de tercera pero con una estampa imponente de la que sobresale el perfil voluminoso de la colegiata. Pura fachada. Por fuera y de lejos parece un templo digno, grande, adecentado y con la enjundia que se presupone a quien tuvo tanto peso en el pasado. De cerca el pálpito es que la fama, recién llegada como quien dice, le ha pillado sin duchar, sin vestir ni maquillar. Y tanto que por dentro parece al borde del derrumbe, con un claustro en tentempié chapuceado con más intención que eficacia y un templo invadido por el verdín de tanto chupar el agua del subsuelo. Paredes rajadas, arcos cayéndose, humedad a espuertas, un retablo con más polvo que la Luna y todo tan al borde de la disolución como un azucarillo sobre un plato de leche. La cuna del castellano huele a una humedad rancia que da, para no variar, vergüenza ajena.

Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Valpuesta. Burgos. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

 

EN MARCHA. A Valpuesta se llega desde San Pantaleón de Losa o Valdegovía por una carretera secundaria que se desvía de la BU-553. Para ver la colegiata hay que preguntar por la sacristana.

EL PASEO. Desde la puerta de la colegiata arranca el SLC-BU99, que asciende hasta el alto del Rodil. Tiene 9 km de recorrido circular y salva un apreciable desnivel. Una opción para un paseo más amable y con poco desnivel consiste en partir por la carretera hacia Mioma. A 600 metros se toma el primer camino que sale por la derecha, con señalización de “camino erróneo”.  Tras pasar la cancela se inicia un repecho que en unos 1o minutos enlaza con una pista que corre en horizontal. Es el SLC-BU99 que baja ya del Alto del Rodil y que nosotros tomaremos hacia la izquierda. Siguiendo siempre sus marcas ya hasta el final del paseo, los dos primeros kilómetros discurrirán por el bosque, en ligerísimo ascenso, hasta volver a girar de nuevo a la izquierda y comenzar el descenso de regreso a la carretera, donde llegaremos dos kilómetros después. Al tomar esta hacia la izquierda se alcanza, en 1 km más, Valpuesta. Se puede hacer en una hora.

Recorrido: circular / Distancia: 5,8 km / Desnivel de subida: 215 m /Desnivel de bajada: 216 m / Dificultad: fácil / Tiempo estimado: 1,5 h.

 

 

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