Viaje a los valles Calchaquíes del noroeste argentino (II)

Un paseante sentado junto a la estatua de Mercedes Sosa en un banco de San Miguel de Tucumán
Un paseante sentado junto a la estatua de Mercedes Sosa en un banco de San Miguel de Tucumán
Un viaje a los valles Calchaquíes del noroeste argentino. Tafí del Valle.

Un horizonte de paisajes agrestes, culturas ancestrales y alturas de vértigo en el corazón de los valles Calchaquíes

Texto y fotografías: Javier Prieto Gallego

El recorrido de los valles Calchaquíes acostumbra a comenzarse algo más al sur, en San Miguel de Tucumán, capital de la provincia de Tucumán, una de las cuatro que, con las de Catamarca, Salta y Jujuy, forman la región del Noroeste. En la plaza de la Independencia, junto a la puerta de la Oficina de Turismo, una estatua sonriente, sentada en un banco y a tamaño natural, recuerda que esta es la ciudad donde nació la cantautora Mercedes Sosa. La Negra, como se la apoda, no es la Pachamama pero no son pocas las personas que cuando pasan junto al banco rozan con la mano su cabeza y luego se santiguan. Muy cerca de la plaza y del banco de La Negra queda el edificio con mayor simbolismo de la ciudad y casi casi un punto de peregrinación patriótica: la Casa de la Independencia, el lugar donde se reunió el congreso que el 9 de julio de 1816 proclamó la independencia de Argentina y dejó a los españoles con una colonia menos.

Desde San Miguel de Tucumán el camino hacia los valles Calchaquíes lleva, en 107 kilómetros de vertiginosas revueltas, hasta la localidad de Tafí del Valle por un carretera, la ruta 307, en los que se pasa de la fragosidad del bosque subtropical a las llanuras desarboladas que a 2.000 metros de altitud dominan el paisaje.

Tafí del Valle es hoy un animado centro turístico, muy frecuentado en periodos de vacaciones y fines de semana, que no pasó desapercibido para los misioneros jesuitas que exploraron –y explotaron- estos territorios, con la bendición de la Corona española, a lo largo del siglo XVIII. De sus quehaceres mundanos y espirituales quedan hoy a la vista varias estancias –ranchos, granjitas o haciendas-, alguna convertida en museo -como el museo La Banda- o en alojamientos con mucho encanto. Como la estancia Las Carreras, en la que ha pervivido la tradición artesanal de elaboración de queso iniciada también por los jesuitas. Un rincón imprescindible en Tafí del Valle es su Parque Arqueológico: una amplia pradera en la que han reunido 126 piezas megalíticas -la mayoría menhires- pertenecientes a la llamada Cultura Tafí que habitó estos contornos entre el 300 a.C. y el 900 d.C.

(continuará)

Viaje a los valles Calchaquíes del noroeste argentino (II)
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