La Lora de Valdivia y la Cueva de los Franceses (I)

Los bordes del páramo de La Lora de Valdivia se asoman al valle cántabro de Valderredible. Palencia. España. © Javier Prieto Gallego;
Los bordes del páramo de La Lora de Valdivia se asoman al valle cántabro de Valderredible. Palencia. España. © Javier Prieto Gallego;
La Lora de Valdivia es un territorio lleno de atractivos que se extiende por el norte de las provincias de Palencia y Burgos. En él se sitúan lugares como La Cueva de los Franceses, el mirador de Valcabado o el paraje de Covalagua

La Lora de Valdivia: cuevas, agua y horizontes despejados

Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Hay inmensidades que marean. Como la de un océano en calma, un desierto sin oasis, una hipoteca a 30 años… O la llanura descarnada que se extiende entre las provincias de Palencia y Burgos a casi 1.200 metros de altitud conformando una paramera conocida como la Lora de Valdivia o el páramo de Las Loras, planicie pedregosa que los vientos baten a placer y el agua deshace como si fuera azúcar. Es, de hecho, un paisaje tan singular que sirve para explicar la formación del mundo desde que el mundo es mundo. Un paseo por esta altiplanicie ventosa convierte al más zote en un geólogo capaz de conjugar el verbo erosionar en todas sus formas. Por no hablar de la habilidad que uno adquiere a la hora de dejar caer palabros como sinclinal, clusse, surgencia, orogenia, diaclasa, dolina, facies, cárstico o combes de inversión. Que suena casi igual, igual que si se habla de crisis.

 

Vídeo del reportaje

 La cueva de los Franceses

Pero el caso es que estas llanuras tan abrumadoras -que así, vistas de sopetón empujan, más que otra cosa, a salir corriendo por donde se ha venido- albergan, si se da tiempo al tiempo, más oportunidades para el asombro que una película de Indiana Jones. Y el ejemplo más evidente es la Cueva de los Franceses. De hecho, dada la profusión de explicaciones con que se adereza la visita guiada es una buena forma de comenzar a entender los procesos geológicos que han convertido en un pispás –hablando en términos geológicos, claro- un océano en una planicie más horadada que un queso gruyer.

 

Así, viajando con la imaginación 215 millones de años atrás, es como comienza también la visita a la cueva. En aquel tiempo estas llanuras rocosas constituían el fondo plano de un océano continental del que asomaban las cumbres montañosas. Un fondo plano sobre el que, también durante millones y millones de años, se fueron precipitando y acumulando sedimentos marinos -conchas y restos óseos, principalmente- que al compactarse fueron transformándose en roca caliza. La misma roca caliza que conforma ahora el páramo. Y la misma roca caliza por la que se desenreda la cueva. ¿Y las montañas? ¿Qué fue de las montañas que asomaban por encima de aquel océano?: se las llevó el viento. Es decir, la erosión. Fueron disolviéndose poco a poco de tal y tan sorprendente manera que allá donde había cumbres inabordables quedan hoy profundos valles: los que rodean estos páramos que, a la postre, ofrecieron más resistencia a la erosión quedando convertidos, ironías del destino –geológico, por supuesto- en balcones desde los que asomarse en derredor. Pero esto último lo haremos tras la visita a la cueva.

 

Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

Por el momento baste decir que la facilidad de los suelos calizos para disolverse con el agua procedente de la lluvia es lo que ha convertido estas planicies en una auténtica esponja. Así es cómo el agua de lluvia que cae de los cielos desaparece bajo el superficial manto de tierra para emprender un viaje subterráneo en el que horada túneles, derriba muros, forma ríos o cuevas tan espectaculares como la de los Franceses, un pasillo repleto de maravillas cársticas que habrían quedado para siempre ocultas a los ojos del hombre de no ser por un agujero en mitad del páramo. El mismo al que, según la tradición, fueron a parar los cadáveres de los soldados caídos en un enfrentamiento entre las tropas napoleónicas y un destacamento de Húsares Cántabros durante la Guerra de la Independencia. De ahí su nombre.

Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

 

Tras las últimas reformas, realizadas en los años 2009 y 2010 encaminadas a mejorar el acceso y recorrido turístico de la cueva, la experiencia de este viaje fantástico al subsuelo comienza en un centro de recepción que pone al tanto de lo que aguarda unos metros más abajo. Para evitar errores cometidos en el pasado, un sistema de puertas permite ahora que la cueva pueda mantener una temperatura constante de 10º  y una humedad de en torno al 95%.Tras el pasillo artificial comienza el recorrido por la cavidad, que discurre de Este a Oeste a una profundidad máxima de 21 metros y una cota superficial de –4 metros en algunos puntos. Las últimas obras han ampliado el recorrido anterior permitiendo atravesar dos grandes salas naturales en las que predominan los restos de derrumbes del techo de la cueva. De los cerca de sus 900 metros totales, en la actualidad son visitables casi 500. Aunque no eternamente: dentro de unos 5 a 10 millones de años la erosión habrá trabajado lo suficiente para que, gota a gota, el techo de la Cueva de los Franceses se haya venido abajo dejando al descubierto un gran cañón calcáreo. Están avisados.

 

Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Cueva de los Franceses. Páramo de la Lora. Palencia. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

 

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No te pierdas la segunda parte de este reportaje:

Cuevas, agua y horizontes despejados

La Lora de Valdivia y la Cueva de los Franceses (I)
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