Qué ver en Miranda del Castañar (Salamanca)

Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Miranda del Castañar atesora uno de los conjuntos amurallados más notables de toda la provincia de Salamanca. No sin motivo acaba de ser incluido en el selecto club de los "Pueblos más bonitos de España". Y, por si no bastara, se encuentra en mitad del bellísimo entorno natural de la Sierra de Francia. Te propongo un paseo por sus calles mientras te desvelo dónde encontrar alguno de sus rincones más secretos. ¿Vienes?

© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO

Las calles de Miranda del Castañar se aprietan tanto entre sí que parece como si la muralla que las ciñe fuera a reventar de un momento a otro. Por suerte, quien la puso ahí donde está lo hizo con tanta intención que, hoy por hoy, la muralla continúa aguantando las apreturas casi hasta lo imposible. Es el precio que pagan las poblaciones que ven pasar los siglos desde detrás de una tapia. La de Miranda puede decir con orgullo que conforma uno de los recintos fortificados más notables de Salamanca. Y, a pesar de las heridas causadas por el tiempo, los descuidos y el apoyo prestado a muchos edificios que reculan contra ella, sigue manteniendo en pie 631 metros de sólidos sillares de granito dispuestos para recibir las embestidas de quien la quiera tomar por la fuerza y sea capaz de saltarse los entre seis y diez metros de altura que presenta de batalla. Lo que el tiempo y las construcciones a las que sirve de apoyo se han llevado por delante es la corona de almenas que en su momento debía de rematarla como si fuera la correa de un engranaje inexpugnable.

Y todo ello sin contar con la potencia, avasalladora con tan sólo mirar, del castillo que se alza en un punto estratégico del sistema defensivo. Tanto por la posición que ocupa la localidad, tendida sobre un saliente montañoso al que circundan las corrientes del río Francia y San Benito haciéndole de foso natural, como por el empeño puesto en construir como dios manda las murallas y el castillo, es indudable que el pasado de Miranda no fue camino de rosas. Más bien, todo lo contrario. Es lo que tiene convertirse en cabeza de un condado al que hay que proteger por las buenas y, llegado el caso, también por las malas.

Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

Es así, entre disputas y convenientes arreglos, cómo Miranda del Castañar va conformando su historia hasta que, rozando el siglo XV, levanta sus definitivas murallas abrazando por completo la población. En 1451 es Pedro de Zúñiga quien, para afianzar la propiedad de este territorio y espantar ambiciones ajenas, eleva el castillo donde está. En 1457 recibe de Enrique IV el título de conde y a partir de ese momento la localidad, con el conde a la cabeza, ejercerá un papel protagonista en el desarrollo de la comarca y de muchas poblaciones aledañas hasta el punto de que su condición de capital de la Sierra de Francia alcanzó hasta mediado el siglo XIX. Por eso no es extraño que por entre sus apretadas calles abunden tanto los escudos nobiliarios: nobleza llama a nobleza y la condición de capital condal de un territorio con muchas posibilidades de generar riqueza propició el asentamiento en ella de caballeros y linajes cuyas armas en piedra aún campean en las fachadas de muchas casas.

La torre del castillo es un fenomenal cubo de planta cuadrada con treinta y dos metros de alto por doce de lado, coronada por ménsulas y arquillos, sobre las que en su momento estuvieron situadas las almenas. Por las paredes asoman troneras redondas y ventanas pequeñas de arco semicircular. En la parte baja, una inscripción sin terminar habla de la pertenencia del castillo a Pedro de Zúñiga, junto a una fecha ilegible. Todo el torreón, de apariencia inexpugnable, se haya metido a su vez en el interior de otro recinto fortificado cuyas esquinas aparecen reforzadas por poderosos cubos en los que no faltan tampoco troneras redondas y saeteras.

Las Águedas

Trajes típicos durante la celebración de Las Águedas. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Trajes típicos durante la celebración de Las Águedas. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Una de las fiestas con más colorido de las que adornan el calendario festivo de la localidad es la celebración de Las Águedas, el 5 de febrero. El día en que la tradición festeja el “mando de las mujeres”, las de Miranda lucen sus mejores galas exhibiendo trajes tradicionales llenos de colorido. El festejo comienza con la misa, en la que se recibe la bendición y escuchan cantos tradicionales. Después, en la plaza a los pies del castillo tiene lugar el baile de la Bandera, un acto que convierte en singular la celebración de Miranda. En él la alcaldesa de águedas toma una gran bandera para pasarla sobre las cabezas de los asistentes, que hacen corro en la plaza. Más tarde, con una alfombra y un cojín en el centro lo tradicional es que vayan pasando marido y mujer. El marido se tumba mientras la mujer, de rodillas junto a él, le pasa por encima la bandera tres veces. Todo mientras suena insistente la dulzaina y tamboril. Junto al marido se tumban a veces los hijos o algunos familiares. Al acabar sigue el convite de un refrigerio con pastas para todos los asistentes.

 

Todo el conjunto se ve precedido por lo que en su día fuera una espaciosa plaza de armas bien dispuesta para la realización de torneos y festejos a las puertas mismas de la residencia condal. Y aunque hoy ejerce de generoso aparcamiento extramuros del casco histórico, mucho antes de que se inventaran los coches adquirió también la función ocasional de coso taurino de traza rectangular. Tanto, que no tiene rubor disputar el título de “más antigua de España” a la de Béjar, estando documentado en ella la realización de festejos con toros en el siglo XVI. De los cuatro muros que acotaban el recinto, uno de ellos todavía conserva su obra de sillería con bastante entereza, siendo evidentes los estrechos huecos que cada metro y medio tienen función de salvadores burladeros para evitar las embestidas del toro.

Plaza de armas y burladeros de piedra. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Plaza de armas y burladeros de piedra. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

Visto desde arriba, el trazado urbano de esta localidad semeja el caparazón algo ovalado de un insecto a cuya cabeza estaría la fortaleza. Callejuelas y tejados conformarían un imaginario blindaje de escamas que se ve surcado, de una punta a la otra, por el trazado rectilíneo de la llamada calle Larga, espina dorsal que recorre la parte superior del promontorio sobre el que se asienta la localidad. Todavía fuera del recinto y a los pies del castillo se localiza el edificio de la alhóndiga, histórico granero, construido en 1585, desde el que se administraba el suministro y comercio del trigo y que hoy acoge las dependencias del Ayuntamiento. Sobre el arco de entrada unas lápidas dan cuenta del año de construcción, entre los escudos de los Zúñiga y de Aza, mientras que a la altura de la mano aún pervive la anilla en la que se sujetaban las caballerías. Junto a este edificio queda la puerta de San Ginés, uno de los cuatro accesos históricos abiertos en la muralla. Esta es la principal. De trazas góticas, con capilla interior y arco apuntado se abre a un pequeño corro hasta el que llega uno de los extremos de la calle Larga o Derecha, vía que vertebra, a su vez, el tránsito por el interior del casco urbano. Tendida de este a oeste, desde esta calle se desprenden, por la vertiente norte del promontorio, las calles transversales que alcanzan hasta el flanco septentrional de la muralla con nombres tales como el Pino, el Pozo, San Benito, Dieces, Obligación y Tigres. El poco sitio disponible y la necesidad de ajustarse al desnivel del terreno dieron en conformar un entramado de calles estrechas, con numerosos requiebros, edificios de dos y tres alturas con amplios alerones voladizos que prácticamente se tocan. Una forma de organización urbana muy relacionada con el duro clima de la sierra, en el que la estrechez de la calles ofrece abrigo durante el invierno y refresco en la época de calor. Ni la nieve ni el sol tienen hueco entre sus húmedos pliegues para quedarse mucho tiempo en ellos.

Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

No te pierdas

En el callejeo por la localidad es obligado alcanzar el conocido como Rincón de los Tigres,  un requiebro lleno de encanto pegado al lienzo septentrional. Cerca queda la puerta de la Villa y el camino de ronda que por este lado permitía el recorrido junto a ella. Hoy permanece su recuerdo en un tramo de pequeños pasadizos formados por el

apoyo de algunas viviendas directamente sobre la muralla. En la parte baja del pueblo, junto a la carretera, se localizan Las Fuentes Grandes, un complejo hidráulico realizado en el siglo XVI formado por tres manantiales, uno de ellos con pilón alargado y escudos señoriales, y otras dos realizadas al estilo romano bajo una bóveda de cañón y arco de medio punto.

 

El único desahogo posible de todo este caserío abigarrado es el que se abre en torno a la plaza de la Iglesia, en la que se levanta el templo parroquial de Santiago y San Ginés de Arlés recostado contra el lienzo meridional de la muralla.  Su doble advocación recuerda el abultado contingente de pobladores asturianos, gallegos y de origen francés llegados aquí durante las repoblaciones medievales impulsadas por Alfonso IX en 1254. No en vano el nombre de la sierra y de su pico más emblemático, la Peña de Francia, amén de tradiciones y leyendas, están directamente vinculadas con la nación vecina. El pórtico fue realizado con piedra traída de las almenas del castillo. El templo es, en sus orígenes, obra de los siglos XIII y XIV, con muchas modificaciones de por medio, incluidas las que forzó un hundimiento en los años 70 del siglo XX. Tiene planta rectangular dividida en tres naves. Al pie de la nave sur vale fijarse en los sepulcros de dos ilustres personajes relacionados con los mismos orígenes de villa. También tiene interés el grupo de tallas de La Piedad, de estilo hispanoflamenco y del siglo XV. Frente a la iglesia se alza la torre de las Campanas, levantada en el siglo XVII con dinero de los vecinos, que pagaron hasta el valor de las propias campanas con la intención expresa de que les diera servicio sin tener que pagar por ello a la iglesia cuando tuvieran que sonar para convocar reuniones, anunciar entierros o tocar alarmas. Situada en una de las zonas más elevadas de la localidad, rivaliza en altura con la del propio castillo. A este singular espacio se asoman otros edificios de interés, como el de la Cárcel Real, en una de sus esquinas, en cuya fachada campea el escudo de los Zúñiga y Avellaneda. O la casa del Peso, que hace esquina con la calle Larga. En su piso superior estuvo la escuela mientras que en el suelo todavía conserva la lápida sobre la que se colocaba la balanza para pesar. Un callejón por detrás de la iglesia conduce hasta la puerta del Postigo, que franqueaba el paso por el lado meridional de la muralla, y junto ella, el paso de ronda que se cuela bajo los contrafuertes que sostienen el templo.

Pasadizos junto a la muralla. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Pasadizos junto a la muralla. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

Hay que fijarse

La condición de villa condal, cabeza de un señorío del que llegaron a depender casi todos los pueblos y aldeas de la sierra se evidencia, entre otras cosas, en el fantástico repertorio de heráldica tallada en piedra que enseñorean las fachadas de muchas de sus casas. Pocas localidades en la provincia, con la excepción de Ciudad Rodrigo o la propia Salamanca, pueden

presumir de una colección tan variada, muchos de ellos realizados entre los siglos XV y XVIII. El paseo por la localidad estará salpicado de escudos que recuerdan el arraigo en esta tierra de familias como los Aguilera, Meneses, Gutiérrez Valbuena, Arcediano o Tejerizo de Tejada. Es el reflejo de cómo el lugar se fue poblando de linajes que, al amparo de los arbitrios señoriales, lograron prosperar en mayor o menor medida según su estatus social o condición.

La puerta que se abre en el costado occidental del recinto recibe el nombre de puerta de Nuestra Señora por ser el paso que encamina hacia la ermita de la Virgen de la Cuesta, una de las dos ermitas que han perdurado de entre las cinco con que contó Miranda en el pasado. De gran predicamento en toda la zona, en ella se venera a la patrona de la localidad,  representada por una talla románica del siglo XIII, aunque de apariencia barroca tras haber sido transformada en talla de vestir. Cuenta la leyenda que se apareció a unos niños en el hueco de un olivo y entre olivos, en un paraje de apacible belleza cercano al punto en el que unen los río Francia y San Benito, se alza el santuario, una obra de los siglos XVI y XVII cuya contundencia da fe de la devoción que esta Virgen suscita. El interior se adorna con un retablo de tres calles y pinturas realizado en 1699. En ese entorno, al que sirven como telón de fondo  las alturas hermosas de la sierra, se sitúa el paraje de La Regajera. La otra ermita superviviente, la del Humilladero, mucho más sencilla que esta, se localiza a la entrada de la población, antes de alcanzar la plaza de armas.

Una de las puertas de la muralla. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Una de las puertas de la muralla. Localidad de Miranda del Castañar. Salamanca. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

A estas alturas huelga precisar que el caserío de Miranda del Castañar es tan pródigo en sorpresas como en rincones con encanto. Prácticamente cada fachada, cada pequeña ventana, el dintel de cada puerta, cada bocallave da oportunidad a pararse, a curiosear, a fantasear con un tiempo pasado que ha dejado en estas calles abundantes rastros que parecen resistirse a desaparecer. De regreso de la ermita, en el paseo por la calle Larga aún asombrará el descubrimiento de lugares tan peculiares como la casa del Escribano, junto a la calle Tigres, sólido edificio morada del escribano Francisco de Ledesma y San Miguel; la casa de los Tejerizo de Tejada, en la esquina con la plaza de Abajo, sobre cuya fachada luce uno de los mejores escudos de toda la villa y la fecha de 1778; o la de las Carnicerías, en el número 26, en la que se ejercía el monopolio de este comercio y de la que merece la pena fijarse en el hueco rectangular por la que se descargaban las reses al interior para luego despachar allí dentro al público. Pero el caserío es abundante también en bodegas excavadas en el subsuelo, como la que puede visitarse en la misma plaza de la Iglesia convertida en tienda de productos artesanales, que evidencian la importancia que tuvo, y aún hoy tiene, la producción de vino en la zona. En la misma calle Larga la inscripción sobre un dintel identifica lo que fuera una fábrica de chocolate.

QUÉ HACER

El Camino de los Prodigios (Salamanca)

El Camino de los Prodigios es una de las rutas senderistas señalizadas en la Sierra de Francia (Salamanca) en las que se combina el arte moderno y el disfrute de la naturaleza. El camino discurre entre Miranda del Castañar y Villanueva del Conde.

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