Real Monasterio de El Escorial (Madrid)

Dos turistas en la Biblioteca de El Escorial con frescos pintados por Pellegrino Tibaldi. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
Dos turistas en la Biblioteca de El Escorial con frescos pintados por Pellegrino Tibaldi. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
Una jornada dedicada a visitar el Real Monasterio de El Escorial da para disfrutar del recorrido turístico por el interior del monasterio, pero también para pasear por los interesantes jardines de las Casitas del Infante y del Príncipe. O para acercarse hasta la conocida como Silla de Felipe II, el asiento labrado en el granito desde el que la tradición sostiene que el monarca vigilaba el desarrollo de las obras.

El Escorial, vuelta y vuelta

Tres paseos y mucho que ver en torno a uno de los monumentos más conocidos de España

© Texto, vídeo y fotografía: JAVIER PRIETO GALLEGO

El Real Monasterio de El Escorial es un edificio de dimensiones colosales que hace sentirse a cualquiera como una hormiga recorriendo Manhattan: dicen que tiene más de 4.000 estancias, 2.600 ventanas -290 exteriores-, 1.200 puertas, 86 escaleras, 88 fuentes, 16 patios y 15 claustros. Todo ello en 33.327 metros cuadrados. Verlo completo seguro que daría varios días sin pisar la calle. La buena noticia -o la mala, depende del apetito por ver- es que solo una pequeña parte -en comparación con el total- es visitable.

Lo primero que el turista debe saber, si no quiere liarse con el GPS del coche, es que El Escorial y San Lorenzo del Escorial son dos municipios colindantes pero distintos. Después de decidir el traslado de la Corte de Valladolid a Madrid, Felipe II puso manos a la obra -la gran obra de su vida, en este caso- que le rondaba por la cabeza desde su victoria en la batalla de San Quintínsobre el rey de Francia: levantar un gran complejo arquitectónico que le sirviera, al menos, para tres cosas: como lugar de retiro físico y espiritual, como agradecimiento a Dios por los favores recibidos y como lugar en el que fundar un panteón real que honrara la memoria de su familia y sucesores. Es así como sus colaboradores -una comisión técnica- dieron con el cerro de Blasco Sancho, un rellano montuoso que se abría al pie del pico Abantos, en las laderas septentrionales de la Sierra de Guadarrama y con vistas hacia la cercana capital de la Corte, de la que distaba 45 kilómetros. Cerca del cerro, en medio de un entorno solitario y agreste, se levantaba la pequeña aldea de El Escorial, cuyo topónimo recordaba los desperdicios producidos -escorias- por las antiguas minas y herrerías que existieron en el entorno.

Vídeo del reportaje “El Escorial, vuelta y vuelta. Tres paseos y mucho que ver en torno a uno de los monumentos  más conocidos de España ©Javier Prieto Gallego
Pero la idea del rey fue desde siempre mantener su fundación alejada del mundanal ruido para que los monjes jerónimos, a quienes la encomendó, pudieran dedicarse sin distracciones a “orar ininterrumpidamente”, tal como especificó, por la salvación del alma del rey y de toda su estirpe. Así que, manteniendo aquella aldea a una prudencial distancia, compró las dehesas y bosques de alrededor con la doble finalidad de dotar al entorno con lugares en los que cazar y darse al disfrute, y terrenos suficientes para dotar al monasterio con recursos propios. Luego rodeó todo el lote -monasterio, aldea y terrenos comprados- por una cerca de piedra de “1o leguas de circunferencia y de 10 a 12 pies de alto”, de la que aún quedan importantes tramos y que se conoce como la Cerca Histórica de Felipe II.
Vistas del monasterio desde el Jardín de los Frailes. Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Vistas del monasterio desde el Jardín de los Frailes. Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
 
Lo que pasó después es que, como casi siempre les sucedía a los monasterios, el propio desarrollo de la vida monacal, y el brutal poder de atracción que ejerció en este caso la presencia de los propios reyes en los palacios que se adosaron al monasterio, generó la formación de una nueva población aledaña: San Lorenzo del Escorial, nacida como tal en tiempos de Carlos III, en el siglo XVIII, y constituida en municipio durante el XIX. El 12 de noviembre de 1984 “el Monasterio y Sitio de San Lorenzo del Escorial” fueron incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
 
ara de Felipe II en la que expiró el 13 de septiembre de 1598. Su cama estaba situada de tal manera que por un lado tenía vistas sobre los jardines y por el otro podía ver el altar mayor de la basílica -al fondo del pasillo, en la foto-. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
ara de Felipe II en la que expiró el 13 de septiembre de 1598. Su cama estaba situada de tal manera que por un lado tenía vistas sobre los jardines y por el otro podía ver el altar mayor de la basílica -al fondo del pasillo, en la foto-. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Cám
Ya puestos sobre el terreno lo más recomendable, antes de adentrarse por los vericuetos escurialenses, es hacer un alto en la Oficina de Turismo. Está justo enfrente de la puerta por la que se accede a las visitas, en la cara norte del monasterio, ubicada en las Casas de Oficios construidas por Juan de Villanueva en el siglo XVIII para alojar a los criados del rey. La Oficina, además de dispensar el plano de la localidad con los monumentos que hay que ver, es centro de interpretación y exhibe una interesante maqueta del monasterio. Al verla desde arriba resulta evidente la forma de parrilla con que se dibujó la planta de El Escorial, con el mango formado por los palacios reales que rodean la cabecera de la basílica y las cuatro torres haciendo de patas. Felipe II quiso dedicar el monasterio a san Lorenzo, que murió martirizado sobre una parrilla en el año 258: “Asado está, parece, da la vuelta y come”, dicen que dijo a mitad de martirio.  Lo que cuenta la tradición es que el rey buscó compensar con esta obra la destrucción de una iglesia dedicada a San Lorenzo en el desarrollo de la batalla de San Quintín.
 
Galería de Batallas. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Galería de Batallas. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Antes de abandonar la Oficina, y para aprovechar bien este día dedicado a El Escorial, conviene preguntar allí tres cosas: cómo se llega a la Casa del Infante; cómo se llega a la Casita del Príncipe y cómo se llega a la Silla de Felipe II, tres lugares íntimamente relacionados con el monasterio hasta los que habrá que acercarse después.
Ahora toca ya sacar las entradas. Y eso exige, antes de alcanzar la ventanilla -el barullo no deja tiempo para titubeos-, haber decidido si el recorrido visitable se va a realizar por libre (10 €) o con guía (17 €). El término medio, con audioguía, cuesta 14 €. En la opción más barata no entregan ni un folleto orientativo, aunque en la tienda del museo es posible comprar (8,9 €) una guía básica del recorrido. Es importante tener claro que la visita al interior de las casitas del Infante y del Príncipe, edificios construidos en tiempos de Carlos III para el infante Don Gabriel y el futuro Carlos IV, respectivamente, solo es posible si se ha pagado por la visita guiada al monasterio. Si no -con la de “por libre”-, habrá que conformarse con un garbeo por los no menos interesantes jardines que rodean ambas. El último trámite antes entrar al meollo es pasar por la consigna, donde obligan a dejar mochilas y bolsos grandes. Durante el recorrido está prohibido hacer fotos. Lo que sí que conviene tener a mano es ropa de abrigo: en el tránsito por los pasillos y escaleras las corrientes de aire son de pulmonía.
 
Bóveda de la escalera principal del claustro pintada al fresco en 1692 por Luca Giordano. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
Bóveda de la escalera principal del claustro pintada al fresco en 1692 por Luca Giordano. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
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El recorrido turístico por el interior del monasterio puede dar, a poco interés que se ponga en lo mucho que hay que ver, para unas dos horas largas. Felipe II fue, en su momento, el hombre más poderoso de occidente y El Escorial una obra en la que, entre otras muchas cosas, quiso que eso quedara bien patente. Su construcción, que se realizó en un tiempo récord de 22 años, supuso contar con los mayores avances técnicos y los profesionales más destacados de la época. Pero una vez terminada y consagrada la basílica, en el año 1595, el rey pasó todavía un largo tiempo aplicando un inmenso empeño en dotarla de cuantas obras de arte y reliquias estuvieron a su alcance. De las segundas llegó a atesorar 7.422 -que incluyen 144 calaveras y 306 miembros-. Muestra de lo primero es la gran importancia de la pinacoteca que alberga hoy el monasterio y que es, también, uno de los mayores alicientes de la visita.
 
Jardínes de la Casita del Príncipe, construida por Juan de Villanueva en 1771. Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Jardínes de la Casita del Príncipe, construida por Juan de Villanueva en 1771. Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Esta discurre por los Museos de Arquitectura -donde se explica el proceso constructivo del monasterio- y Pintura -con una notable colección de obras de pintura flamenca e italiana- , el palacio de Felipe II -en el que no hay que saltarse la Galería de Batallas-, los panteones, las salas capitulares, el claustro principal y la basílica.
Tras salir al patio de los Reyes hay que buscar, en el Zaguán principal, la entrada a la biblioteca, uno de los platos fuertes del recorrido. Lo que se visita de ella es el salón principal y ya solo por su riqueza decorativa, especialmente por los frescos de su bóveda, evidencia la importancia que tuvo para Felipe II. Otro de los símbolos que otorgaban prestigio a una monarquía era la posesión de “todo el saber disponible” y este se medía por la acumulación de textos originales. A pesar de los muchos avatares que han mermado sus estanterías, aún conserva más de 40.000 textos, entre ellos valiosos manuscritos latinos, griegos, hebreos y árabes. Por cierto, si te preguntas por qué los volúmenes que se pueden ver en las estanterías de madera están con el canto de las hojas hacia el exterior, es “para que el papel respire”.
Gigantesco cedro del líbano en los jardines de de la Casita del Infante, construida en 1771 por Juan de Villanueva. Este ejemplar ha alcanzado una altura de 27 metros con un diámetro de copa de 29,50 metros y un perímetro en su tronco de 5,40 metros. Se le ha calculado una edad de 150 años. Real  Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Gigantesco cedro del líbano en los jardines de de la Casita del Infante, construida en 1771 por Juan de Villanueva. Este ejemplar ha alcanzado una altura de 27 metros con un diámetro de copa de 29,50 metros y un perímetro en su tronco de 5,40 metros. Se le ha calculado una edad de 150 años. Real Monasterio de El Escorial. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego;
Finalizado el recorrido, y según la energía disponible, pueden hacerse aún tres paseos muy relacionadas con el monasterio. Uno alcanza hasta la Casita de Abajo o del Príncipe, diseñada por Juan de Villanueva en 1772 para el entonces Príncipe de Asturias y futuro rey Carlos IV. Se localiza a unos diez minutos andando del monasterio en dirección a la estación y en medio de un parque de 422.877 metros cuadrados que destaca por su gran variedad de especies arbóreas y espectaculares ejemplares de secuoyas y pinsapos gigantes. Desde el monasterio, en dirección opuesta -hacia Robledo- queda la del Infante, más modesta en dimensiones y jardines pero con buenas vistas del monasterio.

 

Vista del Real Monasterio de El Escorial desde la conocida como Silla de Felipe II, labrada en una mole de granito en el Bosque de la Herrería. Cuenta la tradición que el rey contemplaba desde ella la evolución de la obras. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
Vista del Real Monasterio de El Escorial desde la conocida como Silla de Felipe II, labrada en una mole de granito en el Bosque de la Herrería. Cuenta la tradición que el rey contemplaba desde ella la evolución de la obras. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
  Claro que para vistas del monasterio, el paseo que no debería faltar es el que aúpa hasta la conocida como Silla de Felipe II, el asiento labrado en una gran mole de granito desde el que cuenta la tradición que el rey se deleitaba contemplando el avance de las obras. A la Silla se puede llegar andando del monasterio por el paseo Virgen de Gracia que atraviesa el no menos interesante Bosque de la Herrería. Su pertenencia al patrimonio real hizo de él una especie de joya intocable que, por suerte, ha llegado hasta nosotros en bastante buena forma, convertido en un valioso entorno natural que los ecologistas se esfuerzan en que perdure aún más. El arranque del paseo hasta la Silla hay que buscarlo bordeando las tapias del convento hacia Robledo. Pasada la entrada al jardín de los Frailes, el estanque y el portón de la Cachicanía la siguiente puerta es el acceso al largo paseo que atraviesa la dehesa, cruza la carretera de Madrid y alcanza la ermita de la Virgen de Gracia. Frente a un crucero arranca uno de los varios caminos que llevan por entre la fronda hasta la Silla evitando así seguir las revueltas que da la carretera. Desde el monasterio hasta aquí son unos tres kilómetros que pueden hacerse en una hora. El pequeño esfuerzo de la ascensión bien vale cinco minutos  de sentarse -y sentirse- como un rey.
Silla de Felipe II, labrada en una mole de granito en el Bosque de la Herrería, frente al Real Monasterio de El Escorial. Cuenta la tradición que el rey contemplaba desde ella la evolución de la obras. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
Silla de Felipe II, labrada en una mole de granito en el Bosque de la Herrería, frente al Real Monasterio de El Escorial. Cuenta la tradición que el rey contemplaba desde ella la evolución de la obras. Madrid. España ©Javier Prieto Gallego
REAL MONASTERIO DE EL ESCORIAL. Web: www.patrimonionacional.es. Teléfono de información -de lunes a viernes, de 8 a 14,30-:  91 890 59 03. Horario de visitas, de abril a septiembre: de 10 a 19 horas.
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